Fermín de los Reyes – Curiosidades de la Biblioteca Pública de Segovia

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Nuestra flamante Biblioteca Pública custodia, además de los fondos “modernos”, un importante fondo antiguo, en su mayor parte procedente de la desamortización eclesiástica iniciada en 1835, la conocida como de Mendizábal. Es un asunto conocido que llevó a la confiscación de los bienes del clero regular para sufragar la deuda pública, excluyéndose los archivos, bibliotecas y los objetos de arte, que pasaron a las bibliotecas provinciales o a las universidades.

En Segovia se realizaron los inventarios entre ese año y el siguiente, pero con resultado desigual, pues algunos son completos y detallados, mientras que en otros apenas hay datos, ya que en algunos conventos la biblioteca se había perdido o estaba en situación lamentable. Por ejemplo, la comisión que visitó el convento de Nuestra Señora de los Ángeles de la Hoz certificó que había 1.263 volúmenes “antiquísimos en pergamino, y algunos en tabla” (encuadernación), pero en desorden e incompletos, por lo que no procedieron al inventario y cerraron la biblioteca con llave. En S. Francisco de Cuéllar había doce arrobas de libros viejos inservibles y en S. Francisco de Ayllón todos en desorden, en el suelo, faltos muchos de hojas… Y así pasó, lamentablemente, con algunos más. Podemos imaginar que si algunos acabaron en la Biblioteca Provincial (en el caso de la Hoz, tan solo dos libros) otros se destruirían o, en el mejor de los casos, acabarían en manos particulares.

Como en muchos lugares no se habían realizado inventarios, en Real Orden de 27 de mayo de 1837 se instaba a nombrar las comisiones para inventariar las obras literarias y artísticas con la esperanza de verlas “en breve a salvo de la codicia extranjera”. También las facultaba a vender legalmente “las obras desechadas” con una comisión del 3% para su propia financiación. En Segovia se abrió la biblioteca pública (provincial) el 25 de junio de 1842 y se procedió a realizar un examen de los libros, apartándose los “inútiles”, unas 2.000 arrobas “sin excluir las pastas, tablas y pergaminos de las cubiertas”, que se remataron en 18 reales y 4 octavos por arroba, adquiriéndolos Mariano Morelló, aunque lo cedió al madrileño Basilio Landaluce. En la subasta, el 9 de octubre, participaron, sin éxito, los libreros segovianos Felipe Suco y Domingo Alejandro. El montante final fue de 31.500 reales que sirvieron para pagar los sueldos del bibliotecario y portero y comprar libros. Sin embargo, pronto surgieron las dificultades económicas y en mayo de 1845 se solicitan recursos para terminar el catálogo y realizar otras actividades del museo, pues la Diputación, que se iba a hacer cargo, estaba “amagada de supresión” y sin presupuesto.

El catálogo de 1845 describe 3.659 volúmenes, pero es en el de 1871-1889 donde se indican las procedencias, de hasta catorce conventos: Capuchinos, Carmen Calzado, Carmen Descalzo, La Hoz, La Merced, Los Huertos, Párraces, Parral, el Paular, San Agustín. San Francisco, San Gabriel, Santa Cruz y Trinidad. De algunos (Capuchinos o el Paular) tan solo hay un ejemplar, de otros bastantes más. Aparte están las numerosas menciones genéricas de procedencias “de convento”, o las anotaciones de que “se ignora”.

La biblioteca siguió ingresando fondos, pero también fue perdiendo algunos de los más importantes, como los códices y los incunables. Todo ello en virtud de una Real Orden de 18 de febrero de 1904, que en su parte expositiva afirma que siendo notoria la importancia de los códices y manuscritos que se conservan en la Biblioteca Provincial de Segovia y por las frecuentísimas demandas en la Biblioteca Nacional por eruditos nacionales y extranjeros, que no podían ausentarse varios días de Madrid, desean que se les facilite dichos libros. De ahí que se resolviera que los códices e incunables se trasladaran a la Biblioteca Nacional “a fin de evitar los riesgos que con el frecuente envío y devolución de tan preciadas obras y documentos podría correrse”. Fueron diez incunables y, al menos, veinticinco manuscritos (con sello de la Biblioteca Provincial, hay más de conventos), que el 31 de octubre ya habían ingresado, según afirmó Marcelino Menéndez y Pelayo, director de la Nacional. La documentación que manejo de los inventarios habla de 29 manuscritos, y es posible, pues hay varios en la Nacional que sin tener el sello de la Provincial sí proceden de conventos segovianos.

Entre los manuscritos destaca el Seniloquium, colección de refranes de carácter popular, unas obras de Petrarca, un tratado contra el Talmud y disputa contra los judíos, todos ellos del siglo XV, y un libro de caballerías (Canto de los amores de Feliris y Grisaida), del XVI). De tema local, una crónica de Enrique IV, el libro de la fundación del Monasterio del Parral, unas informaciones sobre la vida y milagros de fray Juan de la Cruz (1616 y 1626-2628), parte de los documentos que utilizó Colmenares para su historia, una historia de san Jeroteo (1617) y otra de la Fuencisla (hacia 1690). Los incunables están datados entre 1476 y 1497, y tan solo dos españoles, pero ninguno segoviano, aunque visto lo anterior, estoy seguro de que se quedaron muchos por el camino.

Aún queda por elaborar una historia completa de esta institución que, pese a su modernidad, cuenta con 176 años de vida.