Emilio Montero Herrero – La nueva lucha de clases

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El marxismo, en general, ha basado históricamente su discurso en la ausencia de cualquier realidad espiritual, en el materialismo dialéctico, en la lucha de clases, en las relaciones de poder y sumisión y en el enfrentamiento.

Sus seguidores consideran como elementos de opresión y hasta de represión para la consecución de sus objetivos a la religión, la familia y la educación, de tal manera que su estrategia ha sido siempre cargarse esos tres pilares sobre los que se sustenta la sociedad. Recordemos a Marx, Engels, Gramsci, Marcuse y tantos otros ideólogos marxistas.

Ciertamente, desde hace ya bastante tiempo, nadie con un mínimo de rigor intelectual defiende esta ideología, que siempre ha sido falsa, filosóficamente inconsistente y ahora considerada anacrónica. Sin embargo, conscientes de su derrota, han decidido reinventarse, ideando la igualmente falsa y ridícula lucha de género o lucha de sexos para explicar con ella la sociedad mediante el enfrentamiento entre hombre y mujer, tratando de eliminar, incluso, su verdadera concepción original, para que cada uno sea lo que le dé la gana cuando le dé la gana.

Esta estrategia de la ideología de género, además de ser intrínsecamente perversa y grotescamente ridícula, lo que pretende, en última instancia, es eliminar la religión, la familia y la educación. Y todo ello, como ha hecho siempre históricamente, disfrazado de libertad y progresismo.

Claro que todo esto genera muchas inquietudes. Por ejemplo, supongamos una mujer que no nació mujer, la hicieron mujer, según la famosa frase de la feminista Simone de Beauvoir en la que se basa la ideología de género con respecto al sexo: “Una no nace mujer, la hacen mujer”, y resulta que esa mujer quiere ser hombre.

¿No le parece que ahora, al convertirse en hombre, le discrimina la ley de la violencia de género?

Y si la antropología que defiende la ideología de género favorece perspectivas igualitarias, no existe determinismo biológico y la distinción de sexos —ahora géneros— es sólo una cuestión de preferencia y se elimina la distinción de sexos, si puedo elegir y cambiar mi sexo cuantas veces quiera, ¿por qué hay leyes para mujeres?

¿Y no podría pasar que el homicidio machista se justificase como cometido en un momento en el que el hombre se sentía mujer para no estar sujeto a esta ley?

Y en relación al derecho de la mujer al aborto. ¿Por qué ahora siendo hombre no puede decidir sobre el hijo del que se quedó embarazada cuando creía ser mujer?

También alguien podría decidir que antes de que le llamen machista o fascista ya no se siente hombre, y que está en su derecho de cambiar de opinión cuando quiera.

En cualquier caso, si mis hijos no son niño o niña, al no existir según la ideología de género relación con las causas naturales o biológicas (penes y vulvas) y se debe a una determinación social, quiero manejar yo la educación en este sentido-con permiso de la Constitución Española que me garantiza este derecho- y no quiero que se les inicie en la diversidad desde la más tierna infancia.

Y todo este despropósito cuando cualquiera que se documente un poco sabe que la reasignación de sexo es literalmente imposible. Una intervención no puede realmente reasignar sexo, porque en primer lugar el sexo no es asignado, el sexo es una realidad corporal, la realidad de cómo se organiza un organismo respecto a la reproducción sexual. Esa realidad no es asignada en el nacimiento, ni en ningún momento posterior. El sexo, masculino o femenino, se establece desde la concepción del niño, y puede ser determinado incluso en las etapas más tempranas de su desarrollo por medios tecnológicos y observado visualmente mucho antes del nacimiento mediante imágenes de ultrasonido. Ni la cirugía cosmética ni las hormonas del otro sexo pueden cambiar esta realidad biológica. Así, quienes se someten a un procedimiento de reasignación de género no se vuelven del sexo opuesto. Simplemente masculinizan o feminizan su apariencia exterior.

Por muy a favor que la práctica totalidad de los partidos políticos del arco parlamentario se declaren a favor de la ideología de género, lo que existe de verdad es el sexo, en el cual, aunque existen aspectos culturales, lo fundamental es lo biológico, pues Dios nos ha creado como varones o como mujeres. Debemos esforzarnos en defender los derechos humanos y luchar contra este despropósito que es la ideología de género.