Elisa Yagüe – Yoga

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El cambio de hora y el mal tiempo invitan a sustituir las tardes en la calle por actividades más recogidas e interiores. Actividades como el yoga, que en el municipio cada vez se ofrece en más lugares y con diferentes escuelas.

La escuela que más conozco es la Iyengar, que presenta principios de la práctica física que se pueden aplicar al día a día. Así la importancia de ser consciente de las propias limitaciones y a partir de ahí, llegar hasta donde se llegue, para después, poco a poco, ir ajustando. Esta idea de “llegar hasta donde se pueda y luego ajustar” es liberadora, pues hace que la actitud ante las obligaciones se relaje y desaparezca en gran medida el estrés de no conseguir todo. Quizás los resultados que se esperan no lleguen nunca, pero se sabe que se está en el camino y que mientras se recorre este, el cuerpo —y la vida— no dolerá tanto, puesto que no hay tensión.

A la tensión se la vence respirando: cuando exhalamos no hay dolor. Hay que respirar porque si se aguanta sin aire durante las posturas —o las situaciones cotidianas— que nos resultan difíciles y complicadas, se sufre pensando en cuándo se acabará y se tiende al esfuerzo innecesario. Se llega más lejos respirando que oponiendo resistencia. Y si no se llega, se buscan apoyos. Cuando se es consciente de las limitaciones ya se sabe para qué se necesita ayuda —para estirar la pierna o para conseguir un objetivo laboral o personal—. Siempre hay ayuda, pues cualquier elemento puede convertirse en un apoyo: solo hay que mirar con otros ojos y encontrar, en lo que nos rodea, lo que necesitamos.

Pero quizá, la enseñanza más directa y útil del yoga sea la capacidad de prestar atención al aquí y al ahora. Mientras se realiza una “asana” o postura, no se piensa en lo que se ha hecho ni en lo que se hará. Si somos capaces de entregar toda nuestra atención a lo que estamos haciendo en cada momento, la mente se concentra y sujeta los pensamientos. Y si sujetamos los pensamientos, estos no pueden transformarse en dolorosas distracciones, temores, preocupaciones o deseos que hagan sufrir.