Daniel Vera -De calles de La Granja

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Una de las cosas que más me llamó la atención desde pequeño es la gran diversidad de tamaños que se pueden llegar a ver en las calles del Real Sitio, desde calles que por su anchura permiten el paso de cuantas personas quieran, hasta callejones en los que no puede pasar más de una al mismo tiempo.

Buscando una explicación finalmente la encontré cuando comencé a indagar en la historia del municipio.

Resulta que en los primeros años, cuando la parte conocida como el Barrio Alto se desarrollaba a pleno pulmón, la zona del Barrio Bajo sufría un poblamiento cada vez mayor, este a su vez desarrollaba una serie de edificios, generalmente barracas, que no tenían para si ningún orden ni trazado urbano, y así sucedió durante muchos años.

No fue hasta tiempo del rey Carlos III cuando se redefine el trazado urbano, especialmente por dos responsables de obras, en primer lugar Agustín García, que había llegado a La Granja como ayudante de Juan Sardinero, y que realizó el Plan de la Cuesta de la Pastelería, y especialmente con el arquitecto por excelencia de este lugar, Díaz Gamones, que adecentó los terrenos pertenecientes a la Calle de la Reina, y la Calle de Infantes, retirando una gran cantidad de barracas para poder realizar este proyecto que daba una segunda espina al municipio, y un nexo de unión a los barrios.

En la memoria, algunos lugares que aun conservan ese diseño, como son la cuesta de la Mala Bajada, el callejón de la calle Felipe V, o el conocido callejón de la Bruja o escalera del Diablo, son solo algunos de los ejemplos que se acumulan, especialmente, en el Barrio Bajo.
Si alguno de los vecinos o visitantes, se ve enfrascado en un mar de callejuelas y rincones, que sepa que se lo deben a los primeros habitantes de los muros de este Real Sitio.