El mal gusto

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Lo del diablo en bronce que nuestra ínclita alcaldesa quiere colocar en la calle de san Juan, ha hecho correr ríos de tinta en El Adelantado de Segovia y otros medios de comunicación, por lo que otra publicación más no va a añadir nada a lo ya expuesto por plumas más expertas que la mía.

Considero que a estas alturas del siglo XXI, sinceramente todo lo relativo al diablo es una solemne gilipollez. Parece mentira que personas que aparentemente tienen seso, incluyéndome a mí, pierdan cinco minutos en dedicarlos a esta sandez.

Pero si yo tuviera que juzgar pasaría por alto muchas cosas, por ejemplo:

1º) La carga de anti religiosidad que tiene el evento. Admito e incluso me parece muy bien que la religiosidad de la alcaldesa y de su corte acepten en privado esta circunstancia, allá cada uno con su conciencia, pero lo que no se puede hacer es burlarse paladinamente de la fe de otros cristianos que les repugna todo lo que está ocurriendo respecto al diablo ya que la cuestión tiene visos de tener una profunda carga de burla hacia los feligreses católicos.

Si se hiciera una cosa semejante a los musulmanes los autores del atropello ya podrían andar con cuidado porque peligraría su cabeza que se la podrían separar del cuerpo.

2º) El regodeo, un día sí y otro también, se repite lo de la imposición de colocar el diablo, como si el pueblo fuera tonto y a estas alturas nos creyéramos la leyenda que el acueducto lo hizo el mismo diablejo. Da la impresión de que a los segovianos la señora alcaldesa nos está a tomando el pelo. Parece ser que esta señora tiene un poder absoluto sobre la ciudad y por tanto puede hacer lo que la de la gana y no se da cuenta de que su obligación es administrarla y no dedicarse a perder el tiempo atendiendo a diablillos de baja estofa.

Si no fuera por lo ridícula que resulta la cuestión, todo sería perdonable. Ahora bien hay algo que no se puede perdonar de ninguna manera: El mal gusto de la alcaldesa y sus adláteres, ya que sinceramente, el autor de dicha fundición será un escultor muy insigne pero en esta ocasión ha fundido un bicho de una fealdad horrible lo que es imperdonable. Se puede ser diablo y ser una escultura magnífica. Claro que tal vez sea lo que se merecen los que con tanto fervor pretenden colocar la estatua al lado de la Virgen que ya figura en una hornacina en la misma calle de San Juan.

En fin que tenemos una alcaldesa amiga del diablo, por eso ¿qué podemos esperar?¿ Para los próximos comicios venderá su alma al diablo para seguir en el machito?

José Luis Salcedo Luengo