Arancha G. Herranz – Billete de ida y vuelta

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Finalizada ya la Semana Santa de un mes de abril atmosféricamente revuelto, una rebeldía incontestable en su semana de Pasión enfoca el malestar que generan los nubarrones de la incertidumbre en la escena política, encargados de provocar la tormenta perfecta. Un barco varado esperando reanudar la marcha, en un sentido u otro. Un parón caótico que impide objetar a nadie lo que cada uno tiene que reorganizar en su propia casa. Un asedio y maltrato de sentimientos mal gestionados, independentismos de tres al cuarto, virulentos y absurdos. Un populismo trasnochado que decae y se consume en su propio incendio gratuito. Una bandera que no abandona a nadie ni siquiera cuando se atreven a renegar de ella con pretextos rudimentarios. Testigo irremediable es esta sierra segoviana de muchas batallas, escritas y olvidadas en el carácter de los que no tuvieron más remedio que afrontar lo que les deparó el destino, sin plantearse pros y contras, lejos del sustento justo, con abnegación y entrega, pero sin dudar de su identidad. Tiempos en los que no servía defender que las bicicletas no son para el invierno, porque hubiera que pedalear con más fuerza y sin viento de cola. Equivocados, pensamos que el esfuerzo y el sacrificio se extinguieron con los avances tecnológicos, compadeciéndonos del trabajo en el campo, desconociendo en todo momento por quién doblan las campanas, y asumiendo sin remedio eso de Homo homini lupus est. A veces, sin darnos cuenta, la vida trae billete de ida y vuelta.