Ángel Galindo García – El cuidado de los ancianos

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Mientras asistíamos al bochornoso contra-ejemplo de ética política que nos han deparado los políticos y de forma concreta el dúo Sánchez-Iglesias, la sociedad civil mira de reojo estas urgencias para seguir atendiendo a lo importante. Y algo importante es la gestión y administración de los cuidados a los ancianos y más necesitados.

El señor Sánchez es conocedor de la importancia de la sociedad civil pero se acerca solamente a una parte de dicha sociedad: aquella que le agrada. Existen numerosas asociaciones, voluntariados, ongs, religiones, grupos culturales que, por no ser profesionalmente políticos ni ideológicos, están lejos de los deseos del Jefe.

Se sabe que las vacaciones no llegan para todos porque quienes cuidan a personas dependientes, quienes tienen enfermos crónicos a su cargo, o quienes atienden en casa a personas que están al final de la vida, no se plantean la posibilidad de abandonar o dejar a estas personas porque se sienten obligados a cuidarlos.

Aunque no haya sido un tema prioritario en la agenda política, la gestión de los cuidados se convertirá en el problema principal de la agenda social en los próximos años. No solo por el envejecimiento de la población y la desestructuración de las familias que está desmantelando toda la feminización del cuidado que se ha producido hasta nuestros días. Tampoco por la introducción de nuevas tecnologías.

Se convertirá en un grave problema social porque los responsables políticos de estas últimas décadas han improvisado y no han trabajado a largo plazo. La ley de Dependencia que consensuaron en 2006 las fuerzas políticas y las sucesivas leyes de servicios sociales autonómicas son parches administrativos, electoreros y monetaristas a un problema de valores, de capital social y de ética pública con mayúsculas.

Anticipándose a una gestión adecuada (aunque sea interesada) del problema, un gran banco español, la “Fundación la Caixa”, ha hecho balance de una iniciativa que puso en marcha el año pasado y llamó “Escuela de Cuidadores”. Como un grano de arena en el mar de la política social, han creado un espacio de transmisión de los valores esenciales del cuidado que pone a disposición de las personas cuidadoras (no profesionales y voluntarias) una serie de conocimientos técnicos y habilidades para acompañar con calidad de vida a personas en edad avanzada o que están al final de la vida.

Es mucho más que un programa de apoyo o respiro porque incide en tres elementos básicos del cuidar: “saber” (dimensión técnica), “ser” (dimensión ética y emocional) y “hacer” (dimensión habilitante o capacitadora): en este proyecto no aparecen las ideologías sanchistas ni paolistas. Es la acción, la aportación de los técnicos y el mundo de los valores lo que está detrás. Por ello, se puede pensar que llegará un día en que sobren los políticos y vengan los técnicos con valores.

Es urgente educar y formar en valores en nuestras escuelas, en las redes y a través de los medios de comunicación social. Es cierto que mucho tienen que cambiar las cosas para que los políticos hagan una ley de enseñanza humanista y libre y favorezcan unos Medios de comunicación (TV, Radio) que pongan la transmisión de la verdad por encima de los intereses de quienes les pagan.

Además de formar y cuidar a quienes cuidan con independencia de su adscripción ideológica, la escuela de cuidadores está realizando una silenciosa labor de pedagogía socio-política. Expresa alguna de las finalidades nucleares y fundacionales de las ancestrales cajas de ahorro y montes de piedad: promover el mutualismo, organizar la protección de los más vulnerables y favorecer la cohesión social en sus niveles más básicos.

Una lección importante de la que deberían tomar nota ciertos políticos que utilizan la gestión del cuidado para enfrentar a sectores y colectivos, para hacer ingeniería lingüístico-nacionalista y para conseguir un poder administrativo que no procede de su competencia profesional o sensibilidad moral.

Existen algunas iniciativas europeas para construir una moneda local con intercambio de bienes locales que sirvan como medio de relación económica de los bienes ordinarios aunque tengamos que respetar la moneda nacional para las cuestiones de alta relevancia. Esta moneda local esta favoreciendo tanto una economía ecológica como un sano cuidado de los más desfavorecidos.