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AGRICULTURA
El milagro de los tomates
La elevada producción de esta hortaliza en las tierras de Rafael García en Hinojosas del Cerro le impide recolectar unos 30.000 kilos
Guillermo Herrero  - Hinojosas del Cerro | 06/10/2009
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  Rafael García muestra una de las plantas de tomate que cultiva en Hinojosas del Cerro. / GUILLERMO HERRERO

De vez en cuando, la naturaleza regala a una tierra de labor, de forma caprichosa, una fecundidad extraordinaria, fuera de lo común. Es lo que está ocurriendo en Hinojosas del Cerro en las parcelas donde Rafael García planta tomates. Su elevadísima producción asombra a los entendidos, incapaces de encontrar una explicación científica al suceso. “El secreto está en la propia tierra”, resume este agricultor, que compagina su trabajo “haciendo ruedas” en Aranda de Duero con su entretenimiento preferido, la labranza en su pueblo natal.
Mucho antes de que él empezara a cultivar tomates, hace unos veinte años, otros vecinos de Hinojosas del Cerro ya lo habían hecho. “Todo el mundo tenía aquí cuatro matas para su gasto”, dice. Pero él tuvo más suerte que el resto, y eso que eligió “unas tierras que no valían ni para centeno”. Cada una de sus plantas daba —y da— un altísimo número de tomates, entre 25 y 28 kilos, sin necesidad de ser regadas. “Al plantar una mata echo un chorrito de agua, como la meada de un gato, y me olvido”, asegura. Desde ese momento —última quincena de mayo o primera de junio—, solo tiene que esperar a que llegue el fruto, cuya recogida da inicio a mediados de julio y se prolonga hasta octubre, “cuando la primera helada fuerte”. Eso sí, se preocupa de eliminar las malas hierbas y de que la tierra conserve la humedad. Para ello, ara con el tractor entre San Juan y San Pedro, “removiendo la tierra para que guarde la frescura”.
Los ingenieros que han acudido a Hinojosas del Cerro no dan crédito a lo que ven. “Alguno debe seguir buscando el pozo desde el que riego...”, bromea el agricultor, que este año contaba con unas 3.000 plantas en cuatro parcelas próximas, sumando dos hectáreas cultivadas. Como ya es habitual, esta temporada ha sido excelente. Tanto, que García calcula que dejará en la tierra cerca de 30.000 kilos de tomates. “No he podido recolectarlos”, lamenta.
Muchos le preguntan si aplica a sus plantas algún tipo de tratamiento químico. “Nunca; mis tomates se podrían vender como ecológicos, pero para ello es necesario hacer muchos papeles , y yo nunca me he preocupado”, reconoce.
Otra de las curiosidades de la plantación de García es su rotación en los cultivos. Después de dedicar una parcela un año a los tomates, la temporada siguiente siembra en ella cereal. “Que yo sepa, soy el único labrador que utiliza este sistema”, sostiene.
Aunque afirma que “nunca” ha querido convertir su afición al cultivo de tomates en un negocio, señala que “ahora me lo estoy planteando, al ver que una hija mía tiene interés en el tema”. También están poniendo interés en adquirir sus tomates —especialmente los de la variedad ‘pata negra’— algunos restaurantes de postín, como ‘El Senador’ de Madrid o varios de Aranda de Duero. “Los cocineros saben que nuestros tomates son sabrosísimos, no como los que se cortan verdes y maduran en cámaras, que luego parecen de plástico”, justifica García.

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