Varios de los recipientes expuestos en la Real Fábrica de Cristales que contienen aromas. / KAMARERO
Cerrar los ojos, dejar correr la imaginación y oler fragancias tan naturales como la canela, la violeta, la mirra o el limón son los únicos retos que debe aceptar el visitante que acuda a la exposición ‘Por narices. Esencias y fragancias naturales’, ayer inaugurada en la Real Fábrica de Cristales de La Granja de San Ildefonso, donde permanecerá hasta el próximo 26 de agosto.
Organizada por la Obra Social ‘La Caixa’, la muestra es una aproximación al mundo de los olores desde la perspectiva de la biología, de la cultura y de la experiencia directa de oler. En nuestra sociedad, la vista es el primer sentido. El olfato, relegado en la escala de los sentidos, se halla muy olvidado. Así, se imponen los ambientes asépticos, se menosprecia todo lo que huele o se enmascara con olores artificiales. La palabra ‘olor’ ha llegado incluso a adquirir una connotación negativa. Y pocas personas identifican las fragancias más comunes.
Con la intención de contribuir a su puesta en valor, la muestra ayer inaugurada ofrece a los visitantes la posibilidad de desarrollar, a través de los más de 50 aromas, este sentido, que es el que tiene mayor capacidad para evocar recuerdos lejanos, puesto que su interrelación con los circuitos cerebrales de la memoria es realmente íntima.
La muestra ofrece múltiples datos sobre el olfato, como el de recordar que una de sus cualidades es la de captar un estímulo externo antiguo. Así, aunque un animal no puede ver o tocar algo que no esté delante suyo, si puede, por medio del olfato, captar la presencia de algo, incluso pasados días. Es la consecuencia de la persistencia de substancias olorosas, que siguen emitiendo partículas identificables durante días.