Imagen de algunas de las lingoteras en la zona en la que se interviene./ A. Pinela
Desde hace unos días ha comenzado la primera actuación arqueológica sobre el escorial situado en el Cerro Almadenes(restos arqueológicos y mineros de origen romano), que tiene como objetivo la investigación y restauración de la zona. Una intervención promovida por el Ayuntamiento de Otero de Herreros, financiada por el propio municipio y la Obra Social y Cultural de Caja Segovia, y coordinada por el arqueólogo Mariano Ayarzaguena, junto a un grupo de expertos y personas del municipio.
El proyecto cuenta con la coordinación y la correspondiente autorización de la Junta de Castilla y León, con la asistencia del arqueólogo de Junta, Jorge de Santiago ente otros representantes, asi como también ha visitado la zona el director del Museo Provincial Alonso Zamora.
Con anterioridad en el mes de marzo, como ya destacó este diario, se realizaron prospecciones arqueológicas previas en el cerro, con la supervisión y autorización del organismo regional en la que varios arqueólogos de la Sociedad Española de la Historia de la Arqueología resaltaron y confirmaron el interés que ofrece el yacimiento.
Un escorial es una escombrera de escorias, un residuo proveniente de fundir la materia prima, los minerales; las escorias tienen cobre, hierro y otros elementos, en definitiva el sobrante producido en la fundición. En el caso de Otero de Herreros, se localizan junto a los antiguos hornos de origen romano, encontrándose restos de lingoteras.
La intervención que fue aprobada inicialmente en pleno municipal por unanimidad era uno de los deseos de la población que ahora por fin se verá culminado con este reconocimiento. Según algunos estudios, las minas que fueron explotadas por la Roma de Augusto, en lo que se conoce como el Cerro de los Almadenes término árabe que significa “Colina de las Minas”. Geológicamente, toda la zona es muy rica en cuanto a la acumulación de mineral se refiere: hierro, cobre, plata, níquel, plomo, zinc, oro, etc.
Hay que señalar que con anterioridad al inicio de los trabajos actuales, según han confirmado varios vecinos, el en cerro se pudieron ver varios “signos de actuaciones ilícitas por parte de extraños, que portaban un detector de metales”, circunstancia de la que se informó al arqueólogo de la Junta de Castilla y León, al objeto de denunciar los hechos.
Estudios en 1970.- Los restos de las fundiciones dieron lugar a la transformación del paisaje en lo que se conoce con el nombre de escoria, cuyo volumen primitivo se estima que fue de 50.000 metros cúbicos aproximadamente. Las escorias son negras, pesadas, de grueso formato, conteniendo, sobre todo. Mezcladas entre las escorias están esparcidas vasijas antiguas, ladrillos calcinados y fragmentos de lingotes de mineral. Hoy en día, aún pueden verse el escorial, los pozos, las galerías de desagüe, los emplazamientos de los hornos de fundición cerca del camino a Valdeprados.
Otra referencia es el estudio realizado en el cerro en los años 70 por el profesor Claude Demargue de la Universidad de Toulouse (departamento de Arqueología y Metalurgia antigua), llegando a la conclusión de que los numerosos fragmentos de ladrillo escorificado encontrados, provenían del revestimiento interior de los hornos de fusión que licuaban el mineral, cuyos restos se encuentran situados sobre la plataforma superior del cerro, donde se beneficiarían, por la tirada, de fuertes corrientes de aire que dispersarían los humos nocivos. Una época en la que también se encontró una mesa de molienda, en la que previamente se preparaba el mineral, aplastándolo, antes de su fusión en los hornos. Con las intervenciones actuales se pretende a la vez descubrir una parte importente de las tareas mineras en la antiguedad, que devuelvan a Otero a su pasado.