La secretaria general del PP, María Dolores Cospedal, compareció ayer ante los medios de comunicación para explicar la situación de la formación conservadora. / Efe
La suspensión de militancia del que fuera mano derecha de Francisco Camps y número dos del PP valenciano bien podría ser apenas la punta de un iceberg de gran calado que pone en serio riesgo el liderazgo de Mariano Rajoy en la formación de Génova.
La poco brillante gestión de la crisis en la Comunidad valenciana, con el barón regional y su principal colaborador en clara actitud de desafío al líder conservador, así como la indisimulada pugna interna a cuenta del control de Caja Madrid son, al margen de su importancia intrínseca, son dos auténticos arietes esgrimidos por el sector aznarista del partido para erosionar a la actual cúpula directiva.
Ante lo que ya se percibe como una ofensiva en toda regla, con el antiguo inquilino de Moncloa hablando de la necesidad de «un solo liderazgo» y con el ex ministro Juan Costa, hermano del represaliado, poniendo abiertamente en cuestión la capacidad de Rajoy para liderar la alternativa al PSOE, el jefe de los conservadores se afanó ayer para taponar las hemorragias.
En primer lugar, tras anunciar que en el comité ejecutivo de la próxima semana tomará las decisiones pertinentes para devolver la disciplina a sus filas, encargó a la secretaria general, María Dolores Cospedal, que saliera a la palestra pública para pedir perdón a los militantes del partido y al conjunto de la ciudadanía porque «no se merecen» el espectáculo que ofrece el principal grupo de la oposición.
En lo que bien puede ser el anuncio de una sanción ejemplar, que supondría retirarle también el carné del partido, la manchega explicó que las declaraciones del vicealcalde de Madrid, Manuel Cobo, sobre Aguirre son «inaceptables», aunque, eso sí, todavía fueron «más graves» las de Costa, que ignoró el cese de sus cargos y se autoproclamó como número dos del PP valenciano.
Cospedal explicó que la «estupefacción» que sintieron «la inmensa mayoría» de los conservadores ante la actitud de Costa es compartida por el propio Camps.
Lo cierto es que, incrédulo o no, el líder autonómico está abocado a tomar medidas urgentes para frenar el tremendo desgaste que ha sufrido durante las últimas semanas. No eran pocos los rumores que ayer barajaban una importante remodelación del Ejecutivo valenciano, algo que servirá primero como gesto de compromiso ante los problemas y, además, para mantener la unidad en el seno del PP regional ante las cada vez más numerosas voces que cuestionan la gestión de Camps en torno al caso Gürtel.
Uno de los más contrariados es el presidente provincial del PP alicantino, José Joaquín Ripoll, quien considera que Costa no debería ser el único «afectado» por la relación con la trama de corrupción.
Así lo proclamó sin ambages la semana pasada antes de reunirse con los otros dos jefes provinciales de la Comunidad, Carlos Fabra (Castellón) y Alfonso Rus (Valencia), para hacer un frente común y plantearle a Camps «la necesidad de tomar algunas medidas que cierren definitivamente las repercusiones del caso».
No obstante, el ataque más directo contra el president llegó por boca del ex ministro de Ciencia y Tecnología y diputado del PP por Castellón Juan Costa, hermano de Ricardo, quien sostuvo que Camps «no ha estado a la altura de lo que se exige de un líder político» en la «crisis» que atraviesa su partido.
Sobre la suspensión de militancia de su pariente, admitió que le es imposible ser «objetivo» porque se trata de su hermano, pero dejó claro que considera que «no se le ha tratado de manera justa».
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