El CNI, que ayer olvidó de nuevo explicar las fotos trucadas en las que alguien borró a su director, Alberto Saiz, mientras posaba orgulloso con un pez espada capturado durante una excursión pagada, presuntamente, con dinero público, sí distribuyó otro comunicado para desmentir todas las informaciones que sitúan a Saiz en varios países exóticos divirtiéndose a costa de todos los contribuyentes.
Además, la nota informa de que el jefe del espionaje patrio «tendrá ocasión de hacer todas las aclaraciones que soliciten los diputados cuando sea fijada la fecha de comparecencia en la Comisión de Control de Gastos Reservados, solicitada en mayo».
La comunicación llegó después de que ayer se conociera que Saiz ordenó a dos agentes que le limpiaran la piscina con gafas de buceo, que el Centro Nacional de Inteligencia compra todos los años la cosecha de patatas de un familiar del director, que guarda en frigoríficos del Centro las piezas que mata en cacerías, y que ordenó pinchar el teléfono de un amigo que quería espiar a su asistenta.
En respuesta a este aluvión de nuevas corruptelas, el CNI aseguró que, «ante las reiteradas acusaciones anónimas, este centro se remite nuevamente a la comparecencia del señor Saiz». Acto seguido, añade que, «una vez más, se trata de un cúmulo de falsas interpretaciones, mentiras e incluso calumnias realizadas de manera impersonal y amparadas en el anonimato, que claramente persiguen dañar la imagen y el honor del director del CNI, así como perjudicar la propia imagen del Centro y de sus profesionales».
El comunicado causó «sorpresa» en el PP, puesto que, a juicio de los populares, resulta llamativo el hecho de que Saiz se haya ofrecido a rebatir las denuncias en su contra ante una comisión parlamentaria secreta, cuando hace un mes él mismo pidió acudir en sesión pública ante la Comisión de Defensa para explicar las primeras informaciones.
Por ello, los conservadores se preguntaron si, al recurrir a la Comisión de Gastos Reservados, el sospechoso asume de antemano que sus actividades fueron sufragadas con cargo a tal partida presupuestaria, infaustamente famosa por haber contribuido a la financiación de los GAL.