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SOCIEDAD
Cárceles del infierno
La puesta en libertad de Antonio García-Vidriel vuelve a poner en el candelero las inhumanas condiciones de las prisiones marroquíes.
SPC - Madrid | 18/08/2013
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  Cuando cae el sol, una media de 20 personas dormirán hacinadas sobre 11 metros cuadrados de suelo.

Ni las mentes más retorcidas de Hollywood se pueden imaginar una cárcel tan inmunda y tan terrible como cualquiera de las de Marruecos. De eso puede dar fe el camionero sevillano Antonio García-Vidriel, que, a falta del polémico indulto real que mandó a un pederasta a la calle, logró su traslado hacia la amada patria el pasado martes. La prisión de Tánger queda ahora solo para las noches, para sus pesadillas.
Mucho le costó a este camionero de La Luisiana su objetivo, ya que parecía que el grifo de los indultos concedidos por el rey Mohamed VI el pasado 30 de julio -48, incluido su hijo- se había cerrado de improviso. Fue entonces cuando el hombre, de 58 años, diabético, hipertenso, enfermo del corazón y con problemas de riñón se derrumbó. Tenía la certeza de que volvería a su querida Andalucía... pero con los pies por delante.
Y es que todos los presos españoles piden el traslado en cuanto su condena es firme. A diferencia de las prisiones nacionales, en las marroquíes, durmiendo en el mismo suelo puede haber «hombres que han matado, que han violado, que han estafado, que han robado, que están locos y que han traficado con hachís», explica Juan, uno de los 125 reos que no dejaba de pedir que les crucen el Estrecho y que pertenece a esa peculiar lista de Schindler real que le ha salvado la vida. Eso sí, no olvida a los que siguen allí. Hasta 10 se declararon en huelga de hambre a raíz del escándalo de Daniel Galván.

«Yo era un ‘caramelo’»

«Y los condenados a 30 años ó más por asesinato saben que ya no van a salir nunca de la cárcel y les da igual todo. Pueden matarte y su vida va a seguir siendo la misma. Alguien como yo para ellos es un caramelo...», insiste Jesús, otro que se benefició de la medida de gracia del jefe del Ejecutivo del país magrebí.
Todos los que allí caen es, simple y llanamente, por bajarse al moro. A García-Vidriel le trincaron con nueve toneladas de hachís dentro del camión.
Tanto el padre como el hijo aseguraron que les tendieron una trampa, que les obligó la Policía marroquí a que dejaran el vehículo, cargado de melones, para ir a comer y cuando regresaron, se lo encontraron precintado, siendo arrestados por un delito de tráfico de drogas. Menos mal que ya está en casa, a la espera de que le concedan el tercer grado y muy agradecido al Rey, que fue por quien particularmente abogó ante su hermano norteafricano.
Tendrá muchas historias que contar, como los reos más antiguos, que se pelean hasta con los funcionarios y están llenos de cortes porque se rajan con cuchillos. Y todo lleno de ratas, cucarachas, platos que se lavan en el retrete...
Bajo tratamiento psiquiátrico, Antonio deberá superar el miedo y la claustrofobia que le creó el compartir con 19 personas más 11 metros cuadrados de una manta sobre el suelo para dormir.
Conseguir una cama es posible previo pago al guardia: 10 euros a la semana. Ver a tu hijo preso también tenía un precio, y en eso el camionero, que encima fue a ese maldito viaje de acompañante, no escatimaba en gastos. Fue el parné lo que le salvó de una muerte segura, ya que los robos que fue sufriendo por parte de los veteranos eran el pan nuestro de cada día.

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