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CULTURA
GUERRA de ‘miradas cruzadas’ en el THYSSEN
La pinacoteca propone una confrontación entre el Renacimiento y la Nueva Objetividad
AGENCIAS - MADRID | 04/06/2012
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  Óleo sobre tabla de Alberto Durero, titulado ‘Jesús entre los doctores’ (1506). / José Loren

Coincidiendo con la celebración de su 20 aniversario, el Museo Thyssen-Bornemisza ha puesto en marcha diversas actividades para conmemorar su apertura. En este contexto se inscribe Miradas Cruzadas, un ciclo expositivo cuyo objetivo es incentivar en los visitantes un juego de conexiones y divergencias entre obras de distintas épocas y estilos procedentes de las colecciones de la propia pinacoteca.
Desde mediados del pasado mes se puede observar en la sala Mirador de la primera planta -con acceso directo desde el hall central y entrada libre-, la segunda entrega de esta serie, con el título Rostros y manos, pintura germánica antigua y moderna.
La muestra propone una confrontación entre el Renacimiento alemán, el Expresionismo y la Nueva Objetividad que surgen en centro Europa tras la Primera Guerra Mundial, con obras de Alberto Durero, Lucas Cranach el Joven, Otto Dix o Max Beckmann, entre otros.
Tanto en los siglos XV y XVI como en el XX, los artistas de estos movimientos se interesaron por el ser humano y su imagen, así como por su exaltación a través del arte.
Para conseguir estos ideales, el retrato era el vehículo perfecto, lo que contribuyó al auge que tuvo en ambas épocas creativas.
Este estilo constituye uno de los géneros pictóricos de mayor calidad y cantidad de la Colección Permanente del Museo Thyssen-Bornemisza. Su importancia dentro de la tradición iconográfica alemana explica la preferencia por este estilo del primer barón y de su hijo y fundador de la Pinacoteca, Hans Heinrich.
Una mirada atenta a la selección de obras que se presenta en este nuevo montaje permitirá al espectador advertir la influencia que los antiguos maestros alemanes ejercieron sobre artistas como Otto Dix o Max Beckmann a principios del pasado siglo XX.
A pesar de su lejanía en el tiempo, es posible observar su proximidad técnica y teórica en aspectos como la similitud en los esquemas de representación, el interés por el detalle y el realismo, así como la obsesión por captar la personalidad y la psicología de los personajes a través de las caras y de las extremidades superiores del hombre.
Rostros y manos que acaparan la atención, llegando a ocupar, en muchas ocasiones, la totalidad de la superficie del cuadro; como en Jesús entre los doctores, obra maestra de la colección, en la que Durero intensifica la expresividad a través del gesto, rozando incluso lo grotesco.
También el semblante y la mano de Beckmann en su Autorretrato o de Max Schmidt, en la pintura realizada por el austríaco Oskar Kokoschka, se convierten en el centro de las miradas y cobran un papel protagonista para representar la psicología de los modelos.
Otto Dix, figura clave de la Nueva Objetividad, refleja también en su amplia obra una evidente influencia de la tradición pictórica germánica, recuperando la técnica sobre tabla o las veladuras de los maestros renacentistas.
La puesta en escena de sus cuadros, como se observa en Hugo Erfurth con perro, muestra igualmente un gran paralelismo con obras de los maestros del XV y XVI, con la figura humana destacada sobre grandes cortinajes y fondos en diferentes gamas de color azul. Así se ve, por ejemplo, en Retrato de Ruprecht Stüpf, de Barthel Beham (1528). En ambos casos, como en otras obras reunidas temporalmente en esta selección, la abundancia de detalles y el realismo permiten al artista transmitir la psicología del personaje o resaltar elementos u objetos que comunican su estatus social, oficio o personalidad.
Pero entre todos los presentes en la exposición, la estrella es Alberto Durero, ya que la calidad de su obra, la cantidad prodigiosa de su producción creadora y la influencia que ejerció sobre sus contemporáneos fueron de una importancia enorme para toda la Historia del Arte.
En un contexto más amplio, su interés por la geometría y las proporciones matemáticas, su profundo sentido de la Historia, sus observaciones de la Naturaleza y la conciencia que tenía de su potencial artístico son una demostración del espíritu de su constante curiosidad intelectual.

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