Han sido 11 años y medio al frente del PSOE y casi ocho dirigiendo el país desde el Gobierno. Por eso, el expresidente del Ejecutivo José Luis Rodríguez Zapatero no pudo evitar emocionarse ayer en su despedida ante sus compañeros de partido.
Su adiós a la formación tuvo dos momentos claves. El primero, cuando recibió un largo aplauso de la Ejecutiva saliente y de los delegados socialistas al inicio del 38 Congreso de los socialistas, que comenzó en Sevilla para elegir, no solo al nuevo secretario general -cargo que abandonará hoy-, sino también a la cúpula de Ferraz.
No fue un baño de masas, sino que el exmandatario llegó al hotel donde tiene lugar el acto acompañado del secretario de Organización, Marcelino Iglesias, y su adjunta, Pilar Alegría. Los tres entraron a una sala donde le esperaba buena parte de los miembros de la Ejecutiva, que reconocieron, con una sonora ovación, la labor de Zapatero al frente del partido durante más de una década.
Como curiosidad, el expresidente departió cerca de un cuarto de hora con una de las candidatas a sucederle, Carme Chacón, pero no intercambió palabras con el otro aspirante en liza, Alfredo Pérez Rubalcaba.
El segundo momento lo protagonizó de nuevo el leonés cuando entró en el plenario para presentar su informe de gestión en los últimos años y pronunciar su último discurso como secretario general. Allí, ante una concurrida sala, volvió a emocionarse al verse arropado por sus compañeros.