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POLÍTICA
«Nuestro objetivo no es derrotar al PP, sino acabar con la crisis»
Zapatero reconoce que tardó en admitir la mala situación económica, pero asegura que nunca hubo improvisación.
Agencias - Sevilla | 04/02/2012
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  El expresidente del Gobierno explicó ante el plenario que en los últimos meses de su mandato antepuso los intereses del país por encima de los del partido. / Reuters.

Era su último discurso como secretario general del PSOE y, por ello, José Luis Rodríguez Zapatero aprovechó su informe de gestión para lanzar varios mensajes a los militantes socialistas y, principalmente, a los dos candidatos que aspiran a sucederle. Así, les pidió a ellos y al resto del partido que tengan responsabilidad, colaboración y «sentido de Estado» con el actual Gobierno, porque el objetivo de la formación no es «derrotar al PP, sino la crisis económica, y ver cómo se crea empleo».
El expresidente del Ejecutivo reconoció en el 38 Congreso que ya no le correspondía a él marcar el tono de la oposición, pero subrayó que España vive un momento de «profunda preocupación social» y que el PSOE debe demostrar su «capacidad histórica» de hacerse cargo de los principales problemas del país.
Zapatero dedicó buena parte de su discurso, de más de una hora de duración, a hacer una reflexión de sus años al frente del partido. Empezando la autocrítica por las derrotas electorales, reconoció que también la de las municipales se debió a «la situación del país y lógicamente de quien lo gestionaba».
Con todo, se mostró convencido de que sin la crisis financiera de 2008 España no habría tenido una situación «económica tan dura» y sin los problemas de la deuda griega, «seguramente» no habría tenido que adoptar las medidas de recorte que tuvo que tomar en mayo de 2010, que, según remarcó, «salvaron» a España de ser intervenida.
Sin embargo, reconoció que, al margen de esos acontecimientos internacionales, la economía nacional ya tenía debilidades y también el hecho de haber tardado demasiado en admitir que había crisis. Pero, como en otras ocasiones, se justificó en que se le exigía algo «que casi nadie fue capaz de hacer: vaticinar una de las crisis más duras desde la gran depresión».
Además, apuntó que en los últimos meses puso los intereses del país por encima de los del partido y defendió que sus prioirdades siempre fueron evitar el «colapso» financiero y, además, mantener la cohesión social.
Todo ello, remachó, en un «campo de juego» hostil, con una «oposición sin concesiones, una minoría parlamentaria y una Europa lenta, que no fue capaz de resolver a la primera la crisis griega y, por ir con paños calientes, permitió que se produjeran otras crisis de deuda soberana». Hubo errores, reconoció, pero entre ellos no estuvo el de la «improvisación», sino que se dio respuesta en cada momento de las circunstancias.
Pero su mensaje no se centró exclusivamente en la economía. También tuvo palabras de reconocimiento especial para los socialistas vascos en el momento de sentirse «satisfecho», porque «es muy probable que nunca más vuelva a haber una muerte a manos de ETA». Así, tuvo un recuerdo para Isaías Carrasco, exconcejal del PSOE asesinado por la banda en la campaña electoral de 2008, y afirmó que «lo más gratificante ha sido ver a los compañeros y compañeras de Euskadi aguantar, no descansar, no dejar de soñar, por alcanzar el fin de la violencia».
Después de apelar a la unidad de los candidatos a sucederle, porque más importante que saber ganar y perder es «la amistad, los afectos y la capacidad de hacer muchas cosas juntos», el expresidente del Gobierno se despidió con un: «Y aquí termina mi tiempo», para después expresar su deseo de que la nueva etapa del PSOE esté «llena de servicio a España» y a sus ideales.

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