Parece que la cordial relación entre los dos exministros de Zapatero se encuentra más distante que nunca, con una lluvia de reproches recíprocos. / Reuters.
Ya lo decía el exvicepresidente del Gobierno Alfonso Guerra el pasado martes: «Los candidatos a la Secretaría General deben actuar como socialistas». Y en esa frase se resume el temor que hay en el PSOE a que se resquebraje la unidad del partido, así como la imagen ante la sociedad española, con la lucha cerrada que mantienen Carme Chacón y Alfredo Pérez Rubalcaba, y que va a más, como se demostró ayer.
También existe un pequeño detalle: el actual líder del partido, José Luis Rodríguez Zapatero. ¿Hasta qué punto se puede cargar contra su labor? Mientras su antiguo número dos utiliza una tibia autocrítica o, simplemente, rehúye el tema, Chacón aprovecha para atacar a su enemigo, aun a costa de provocar un daño colateral al que fuera su protector.
De todos modos, Rubalcaba, perro viejo, aprovechó para contraatacar, 48 horas después, a los severos golpes de la extitular de Defensa, que le daba las gracias «por acabar con ETA», al tiempo que le invitaba a irse a su casa «porque su tiempo ya había pasado». De hecho, rebatió la tesis de «quienes» -no quiso citar a la catalana expresamente- le dicen Alfredo, qué bien lo has hecho en el Ministerio, ya te puedes ir, alegando que «otra forma de verlo sería Alfredo, qué bien lo has hecho en Interior, mira a ver si puedes hacerlo en el PSOE», o «mira a ver si esa experiencia de hacer las cosas bien la puedes convertir en el partido en el cambio que nos permita recuperar la credibilidad».
«Yo lo he pensado mucho, sabía que Carme Chacón iba a intentarlo y, si me presento, es porque creo que lo puedo hacer mejor que ella. Sinceramente, si yo creyera que es una solución para este momento de la vida del partido, no me habría presentado, pero honestamente no lo creo», comentó en una entrevista en Telecinco. Eso sí, no quiso explicar el porqué.
A su juicio, los partidos deben ser intergeneracionales porque tienen que dirigirse a toda la sociedad y por eso, recalcó, él ha conformado un equipo con gente de todas las edades. Del mismo modo, preguntado por los llamamientos al cambio, avisó de que aunque parece una «palabra mágica en la política», el hecho es que hay que transformarse «para bien» y para eso «hay que tener un proyecto».
La juventud es otra arma que emplea su contrincante. Sobre esto, replicó que «es un criterio, pero no el más importante», sino «qué tienes en la cabeza» y «cuál es tu proyecto».
La respuesta de Carme Chacón fue contundente, volviendo a incidir en la necesidad de debate. En ese sentido, parece que su guerra se extiende a todo el aparato actual de Ferraz. Su más fiel escudero, el exministro de Justicia Francisco Caamaño fue más allá y, ejerciendo de portavoz, sostuvo que la exministra está en contra del «jacobinismo organizativo innecesario».
Y ya que se trata de una guerra encarnizada en muchos frentes, Chacón se permitió abrir el fuego en lo que a cartas a militantes se refiere. Así, les dijo a todos en una misiva que «es urgente abrir un tiempo nuevo». «Necesitamos urgentemente recargar el PSOE, devolverle su fuerza y su frescura, su capacidad de liderazgo social».
Para la exministra,Ferraz tiene que cambiar su «modo de trabajar», su «comunicación con la gente», su «presencia en la calle», en general, cambiar el partido «cuanto sea necesario» para recuperar conexión con los ciudadanos, y, sobre todo, «con los jóvenes» porque, a su juicio, están «padeciendo la desigualdad más aguda» a causa de la crisis.
Mientras, el alcalde de Toledo, Emiliano García Page, sigue alimentando el suspense, aunque ayer anunció el nacimiento, en unos días, de un movimiento «alternativo», del que se desconoce si concurrirá al congreso de febrero.