Se acercan las elecciones -y parece que en noviembre, como parece indicar el president Montilla-. El conseller de Innovación, Universidades y Empresa de la Generalitat catalana, Josep Huguet, retomó ayer su intención de obligar a los profesores universitarios a acreditar un nivel suficiente de catalán, según confirmaron fuentes de consejería, que añadieron que deberán cumplir con este precepto por decreto, salvo algunas excepciones. Éste se empezará a valorar la semana que viene a través de una sesión parlamentaria.
Asimismo, el departamento explicó que se trata solamente de «formalizar» un acuerdo que alcanzó el Consejo Interuniversitario de Cataluña (CIC) en noviembre de 2009. De hecho, el decreto sienta las bases de lo que los centros superiores ya llevan seis meses aplicando.
Huguet aclaró que pretende retornar el equilibrio entre el catalán y el castellano en las universidades, aunque advirtió de que se trata de una normativa que va más allá de la lengua propia de la tierra, ya que también exigirá el castellano a los maestros extranjeros y el inglés a los que impartan másteres en esta lengua.
Como era de esperar, la polémica está servida. De hecho, Huguet auguró que los sectores «españolistas catalanes y radicales» confundirán las medidas de equilibrio para pensar que es una «marginación del castellano».
En junio de 2008, la entonces comisionada de Universidades de la Generalitat, Blanca Palmada, impulsó en el CIC la aprobación de una normativa para que los profesores de educación superior acreditaran un nivel básico de catalán respetando el marco de la autonomía de cada universidad. Sin embargo, algunos centros, como el Pompeu Fabra, se levantaron contra la imposición, y la obligación de acreditarlo quedó sometida a las decisiones de cada rector.
Las reacciones estuvieron monopolizadas por Ciudatans. Su portavoz, Jordi Cañas, acusó a Huguet de condenar a la universidad catalana al «provincianismo» con esta medida.