El dolor por la injusticia ocurrida el pasado miércoles fue el protagonista del funeral. Los seres queridos de los fallecidos no encontraban consuelo. / EFE
Emoción y rabia. Estas dos palabras definen lo que fue la jornada de ayer, que se hizo muy larga para todos, sobre todo para las familias de José María Galera Córdoba,
Abraham Leoncio Bravo Picallo y Ataola Taefik Alili, los tres españoles asesinados el miércoles por su propio chófer en Afganistán. Los Príncipes de Asturias presidieron un emotivo funeral por los dos guardias civiles muertos en la sede del Centro de Adiestramientos Especiales de la Unidad de Acción Rural (UAR) en Logroño, en la que estaban destinados ambos agentes del Instituto Armado.
El sepelio del tercer fallecido, el traductor Ataola Taefik Alili, se celebrará hoy en Cuarte de Huerva (Zaragoza), donde residía desde hacía 10 años junto a su mujer y sus dos hijos. Será una ceremonia bahai -la religión que él profesaba- en la más estricta intimidad.
Los Príncipes de Asturias, visiblemente emocionados, visitaron la capilla ardiente y dieron el pésame a los familiares de los agentes en un ambiente de extremado recogimiento. Aunque la ceremonia estaba prevista para las 19,00 horas, se tuvo que retrasar dos horas por las autopsias a los cadáveres, que habían llegado a las 11,00 horas a bordo de un Airbus 310 a la base de Torrejón de Ardoz, donde fueron recibidos por el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, cuya ausencia el pasado 2 de febrero al funeral por un militar también asesinado en Afganistán -John Felipe Romero-, debido a su compromiso con el desayuno de la oración de Obama, fue muy criticada. El líder del PP, Mariano Rajoy, tampoco faltó a la triste cita.
Don Felipe, vestido con uniforme militar de gala, impuso a los agentes las cruces al mérito militar con distintivo rojo, la máxima condecoración para los fallecidos en actos terroristas o por actos heroicos. Estas distinciones fueron objeto de polémica hace meses pues no se entregaban al considerarse que no se habían producido en combate, dado el carácter de misión de paz de la misión. Afortunadamente, ese criterio cambió.
Al funeral, presidido por los féretros, cubiertos por la bandera nacional y con un tricornio sobre la enseña, también asistieron los ministros de Defensa y del Interior, Carme Chacón y Alfredo Pérez Rubalcaba, respectivamente, acompañados de la mayoría de los altos mandos de sus respectivos Departamentos, así como del presidente de Castilla y León, Juan Vicente Herrera.
Por parte del Partido Popular, estuvieron presentes la portavoz parlamentaria en el Congreso, Soraya Saenz de Santamaría, y la portavoz en la Comisión de Defensa de la Cámara Baja, Beatriz Rodríguez-Salmones.
También estuvieron el director de la Policía y la Guardia Civil, Francisco Javier Velázquez, y el jefe de Estado Mayor de la Defensa (Jemad), el general José Julio Rodríguez.
Horas antes, en la base de Torrejón, se produjeron los momentos más duros, y las escenas de dolor de los más allegados de los tres fallecidos fueron realmente conmovedoras. Nada más llegar los ataúdes, tres piquetes de los Ejércitos y de la Guardia Civil se hicieron cargo de los féretros a pie de pista, donde el capellán castrense y un imán oficiaron un responso conjunto, ya que el intérprete, de origen iraní y nacionalizado español, profesaba el islamismo.
Por otra parte, el Gobierno central no prevé modificar en modo alguno de las medidas de seguridad en torno a los cooperantes españoles que trabajan en Afganistán, y más en concreto los presentes en el Equipo de Reconstrucción Provincial (PRT) de Qala i Now, tras el atentado y posterior intento de asalto de la base. La secretaria de Estado de Cooperación Internacional, Soraya Rodríguez, argumentó que ya se está trabajando con los procedimientos que exige esta zona. «Tenemos un sistema de trabajo de la cooperación nacional integrado con las fuerzas de seguridad y con el destacamento que tenemos allí del Ejército», explicó, precisando que por ello se trabaja «siempre indudablemente con las medidas de seguridad y de protección que exige la situación en la zona».
«Hay una guerra».- El secretario general de la Unión de Guardias Civiles (UGC), Manuel Mato, declaró ayer que el instituto armado «no es ninguna fuerza de choque», y que en «no pintan nada» en Afganistán porque allí hay «una guerra» y ésas no son las circunstancias en las que trabaja su Cuerpo
Asimismo, el militar sostuvo que esa zona sufre un conflicto bélico, y «es incómodo hacer una misión en un lugar que no es el entorno de trabajo» de los agentes.
Los agentes -«pacificadores», a su juicio- que se encuentran en Afganistán llevan a cabo la misión de instruir a 47 aspirantes a policías, un trabajo que según el secretario general de UGC, se podía «hacer perfectamente en Valdemoro, como se le dijo al Gobierno». Además, pidió al ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, que traiga a España «al resto de los contingentes de la Benemérita».
El diagnóstico de Mato fue claro: «Cuando la violencia ha bajado su intensidad, las unidades intentan pacificar la zona, con una dosis más de diplomacia que de armas» porque los agentes no tienen «medios ni conocimientos para estar en primera línea» de batalla.