El alférez Bravo. / El capitán Galera.
Los dos guardias civiles asesinados ayer en Afganistán, donde integraban desde el pasado mes de marzo una misión de adiestramiento de la OTAN para el entrenamiento y formación de la policía afgana, iban a ser relevados el próximo 22 de septiembre, según informó el Ministerio del Interior.
En cuanto a su intérprete, Ataollah Taefik Alili, también asesinado, era un español de origen iraní de 55 años que vivía en la localidad de Cuarte de Huerva (Zaragoza) desde hace más de tres décadas junto a su familia. Estaba casado con una ciudadana española, era padre de dos hijos y regentaba un negocio de alfombras.
Desde hace unos meses se encontraba en Afganistán como intérprete contratado por el Ejército y tenía previsto regresar a principios del próximo mes de septiembre, al igual que los dos agentes junto a los que dio su vida.
El capitán José María Galera Córdoba, de 33 años y natural de Tarazona de La Mancha (Albacete), ingresó en la Guardia Civil en 2000 y en la actualidad estaba destinado en el Centro de Adiestramientos Especiales de la Unidad de Acción Rural (UAR), con base en Logroño. Había sido distinguido con dos Cruces al Mérito de la Benemérita y una medalla OTAN.
Por su parte, el alférez Abraham Leoncio Bravo Picallo, nacido hace 33 años en Vimianzo (La Coruña), entró en el Cuerpo en 1999 y estaba igualmente destinado en el UAR. Había sido distinguido con una medalla de la Alianza Atlántica.
Los dos agentes eran miembros de la Pomlt (Equipos Operativos Policiales de Adiestramiento y Enlace) con base en Qala e Naw, integrados en una misión de la OTAN para el entrenamiento y formación de la Policía afgana.
La Pomlt está formada por un teniente coronel de la Guardia Civil junto con otros 17 miembros del Cuerpo además de componentes de las Fuerzas Armadas (como tiradores y conductores). En total, el Instituto Armado tiene desplegados en Afganistán 37 efectivos integrados en diferentes misiones.
La noticia del triple asesinato perpetrado ayer en Afganistán cayó como un jarro de agua fría en la localidad burgalesa de Aranda de Duero, en la que residía el alférez Bravo Picallo. Aunque nacido en Galicia, el agente se trasladó junto a su familia al citado municipio castellano con apenas unos días de existencia, y allí siguen viviendo su madre Rosa y su hermana Diana. El funeral se celebrará en Logroño, donde estaba destinado el agente. Según relataba Jesús Picallo, tío del fallecido, la madre de Abraham estaba muy orgullosa de su hijo, ya que lo consideraba «su orgullo, su pie y su esperanza». El alférez estaba realizando, en palabras de su tío, «una gran labor por la Guardia Civil y por España», por la que espera que «sea reconocido».
En cuanto a los allegados del capitán Galera, que no deja hijos, su esposa permanecía en el cuartel de Logroño atendida por psicólogos y permanentemente acompañada, según informó un portavoz del Cuerpo. En su pueblo, Tarazona de La Mancha, familiares y vecinos contaban ayer que, por parte de su padre, teniente coronel de la Benemérita, había heredado la vocación por la carrera militar.
«Son una familia muy conocida y querida, él -contaba el alcalde- se sentía sobre todo del pueblo; cuando se casó, podía haberlo hecho en Madrid o en Logroño, pero se empeñó en que tenía que ser aquí».
El mismo portavoz de la Guardia Civil transmitió la conmoción que la muerte de los dos oficiales de la Unidad de Acción Rural ha causado en el acuartelamiento riojano: «Ha caído como un mazazo», relató, porque «aquí nos conocemos todos».
Por su parte, el concejal del Ayuntamiento de Logroño Vicente Urquía informó de que el Consistorio va a decretar tres días de luto oficial por el asesinato de los dos miembros de la Benemérita, a quienes la muerte sorprendió cuando cumplían con su deber en un lejano país de Asia asediado por el terrorismo islamista.