El líder del PP, Mariano Rajoy, centrará sus críticas en la crisis económica. / Efe
Ni siquiera la formidable actuación del combinado de Vicente del Bosque en Sudáfrica salvará a Rodríguez Zapatero de vivir mañana y pasado en el Congreso un verdadero calvario a cuenta de un Debate sobre el estado de la Nación, el quinto de su vida como presidente, en el que la corrupción y la marejada del Estatut se suman a la sempiterna crisis económica.
Completamente solo, sin aliado parlamentario alguno, el líder socialista se enfrenta, con pocas posibilidades de éxito, a una suerte de moción de confianza, tan peligrosa para él como prometedora para Mariano Rajoy, que bien podría apuntarse por vez primera la victoria en este tipo de cara a cara.
Por si fuera poco, a diferencia de ocasiones anteriores, el inquilino de Moncloa acude a la Carrera de San Jerónimo con su crédito político agotado, con el PSC en pie de guerra, con el fantasma de una huelga general que ya asoma por el horizonte y sin un solo euro en la recámara del Estado para financiar algún nuevo conejo que sacar de la chistera.
Hace 14 meses, con la crisis como idéntico telón de fondo, el cuento de los brotes verdes y una serie de incentivos vinculados a la vivienda, al automóvil y a las pymes permitieron a Zapatero capear el temporal. En esta ocasión, más que anunciar gastos, se prevé que el dirigente del PSOE recurra justo al planteamiento contrario, con subidas de impuestos a los ricos como principal argumento propagandístico.
Además, será justo esa mentira pronunciada el año pasado, cuando el socialista presumía de que «lo peor» de la recesión había pasado, la que servirá al líder del PP como contundente ariete para golpear al socialista, quien, una vez más, ha quedado en evidencia tras verse obligado por el resto de la UE a poner en práctica un severísimo plan de ajuste, que incluye la bajada del sueldo de los funcionarios, la congelación de las pensiones y la eliminación del llamado cheque-bebé, que, curiosamente, fue una de las promesas estelares realizadas durante el debate de 2007.
Cifras todavía peores
No obstante, no tendrán los populares que remontarse tanto para encontrar munición de calibre contra Zapatero, puesto que mientras en mayo de 2009 se supo que el paro del mes anterior había aumentado en 39.478 personas, lo que dejaba la cifra de desempleados en 3.644.880, a día de hoy los españoles sin trabajo son prácticamente cuatro millones.
Sin dejar ese ámbito laboral, cabe también recordar que ya con motivo del 1 de Mayo de 2009 los líderes de CCOO y UGT, Ignacio Fernández Toxo y Cándido Méndez, advertían de una posible huelga general si el Gobierno legislaba al margen del diálogo social. Ahora, 14 meses después, ese paro ya tiene fecha -el 29 de septiembre- como respuesta justamente al fracaso absoluto de la negociación y la consiguiente imposición de una reforma por decreto.
También es posible establecer paralelismos entre la remodelación del Gobierno que Zapatero llevó a cabo un mes antes del debate del año pasado «para imprimir un mayor ritmo ante la crisis» y los constantes rumores que anticipan una inminente reestructuración ministerial, con pesos pesados como la jefa de Economía, Elena Salgado, quemados de modo irremisible.
De hecho, para apreciar el evidente deterioro global de la situación y por más que las encuestas del Centro de Investigaciones Sociológicas merezcan cada vez menos crédito, baste con recordar que el año pasado, en plena precampaña para las elecciones europeas, el CIS aseguraba una victoria corta para el PSOE, con el 40,8 por ciento frente al 40 por ciento del PP. Finalmente fue el partido de Rajoy quien se impuso con casi cuatro puntos de ventaja.
Ahora, el último Barómetro, publicado el pasado 16 de mayo, señalaba que el PP ganaría las generales con el 39,5 por ciento y los socialistas obtendrían solo el 38.
Tales cifras, que sin duda auguran el final de la era Zapatero en la próxima convocatoria electoral están además salpimentadas por el imparable deterioro de la imagen que la ciudadanía tiene de la clase política patria, enfangada como nunca en asuntos de corrupción que salpican por igual a todos los partidos e incapaz de trasmitir una imagen creíble de honradez y austeridad.