El líder del PP, Mariano Rajoy, junto a la actriz y empresaria teatral Blanca Marsillach, durante la reunión que mantuvo ayer en Madrid con representantes del gremio. / Efe
El presidente del PP, Mariano Rajoy, evitó ayer hacer sangre a costa del nuevo fracaso del Gobierno, que vio cómo se dinamitaba definitivamente el diálogo entre patronal y sindicatos para acordar la reforma laboral y, tras limitarse a señalar que «no es bueno» que los agentes sociales hayan sido incapaces de acordar las necesarias modificaciones del mercado laboral, se puso a disposición del jefe del Ejecutivo, José Luis Rodríguez Zapatero para dialogar e intentar alcanzar un entendimiento sobre tan delicada y urgente cuestión.
Eso sí, el líder de los populares, sin duda consciente de que los socialistas volverán a servirse de las tradicionales muletas nacionalistas a la hora de sacar adelante en el Congreso el proyecto de ley, lamentó que el inquilino de Moncloa dé prioridad a CiU, ERC o Coalición Canaria a la hora de recabar apoyos porque, siempre según el jefe de la oposición, «estas cosas, si no se hablan, siempre se resuelven mal». Al respecto, Rajoy recordó que, hace unas semanas, el Gobierno aprobó el tijeretazo en los gastos sociales sin «comentar ni plantear nada» a los conservadores. Por eso, explicó que espera que ahora con la reforma laboral «no ocurra lo mismo»
«Al PP si se le llama estará dispuesto a pactar y hablar, y ya lamenta que se le dé prioridad a otras fuerzas políticas porque, al fin y a la postre, representamos a más de 10 millones de españoles».
Abundando en sus temores, el líder de la oposición señaló que en este momento no sabe «absolutamente nada» del contenido de la reforma.
Bien distinto fue el enfoque del diputado de Izquierda Unida (IU) en el Congreso, Gaspar Llamazares, quien lamentó que «la voracidad sin límites» de la patronal y la «pasividad» del Gobierno no hayan permitido el acuerdo para modificar las condiciones del mercado de trabajo.
A juicio del izquierdista, los patronos no solo quieren salir «más ricos» de la crisis, sino además «empobrecer» a los trabajadores. Asimismo, el dirigente de la coalición echó en cara al Ejecutivo su «falta de liderazgo y compromiso» con una reforma que aumente la calidad de empleo.
«Da la impresión que la patronal, por un lado, con su codicia y el Gobierno, con otro, con su pasividad están preparando una contrarreforma laboral en contra de los que más sufren en esta crisis, esto es, los trabajadores en general», insistió a modo de resumen.