El presidente de la Fundación Sabino Arana, Juan María Atutxa (i), junto al líder del PNV, Íñigo Urkullu, que ayer mostró las verdaderas cartas de los nacionalistas. / Efe
El PNV, experto desde hace décadas en explotar las turbulencias del río político para pescar tantas concesiones como sean posibles, es bien consciente de que en la actual etapa de descomposición gubernamental sus diputados representan un capital político extraordinario y está dispuesto a hacerlo valer.
Sin duda esperanzado en el beneficioso intercambio de cromos que supondría recuperar el poder en el País Vasco como contraprestación a su apoyo a los próximos Presupuestos, que se antoja del todo esencial tras el desmarque de CiU, el Partido Nacionalista comenzó ayer a tensar la cuerda.
Así, como primer paso de una estrategia consistente en dejarle claro al Gobierno hasta qué punto necesita su respaldo y, en consecuencia, lo grave que sería perderlo, el presidente de los jeltzales, Íñigo Urkullu, sostuvo ayer que el «modelo de hacer política» del jefe del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, «está agotado» y añadió que no se pueden plantear cuestiones como la reforma laboral «por decretazo», por lo que manifestó su esperanza en que el socialista convoque a los grupos parlamentarios para hacerles llegar su «planteamiento concreto». Es decir, para negociar.
«Tenemos que tener toda la información de los protagonistas para poder determinar nuestro sentido del voto», resumió Urkullu, a quien solo le faltó poner precio concreto al respaldo de su formación.
Para remachar los planteamientos de su jefe, el portavoz peneuvista en el Congreso, Josu Erkoreka, también se esforzó ayer para hacer ver al Ejecutivo que su contribución será esencial, aunque no gratuita, si el PSOE aspira a terminar la legislatura en el poder.
Así, el nacionalista declaró que, en su opinión, no se anticiparán las generales, ya que Zapatero «no tiene alma de suicida» y «hará lo indecible» para no adelantar unos comicios que, «muy probablemente, le llevarían al fracaso».
Asimismo, quizá no demasiado confiado en que la sutileza de sus insinuaciones sea convenientemente captada por Ferraz, aclaró enseguida que, aunque la situación actual «no invita a prestar apoyos» al Gobierno, su formación analizará «los pros y los contras» del proyecto de Presupuestos.
¿A cambio de qué? De hacer caso a Urkullu, un buen comienzo sería la transferencia de las políticas activas de empleo «cuanto antes, siempre y cuando se produzca como es debido», es decir, con generosas dotaciones presupuestarias paralelas, porque «en este caso, tan importante como el tiempo es la calidad».
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