Eduardo Fraile, Ana Isabel Conejo, Alberto Olmos y Vicente Álvarez posan antes de que diese comienzo su evento. /KAMARERO
La periodista segoviana Teresa Sanz comenzaba ayer el coloquio que reunió a los autores de Castilla y León, Ana Isabel Conejo, Alberto Olmos, Eduardo Fraile y Vicente Álvarez, comentando brevemente el currículum de cada uno de ellos. Había poco tiempo y eran muchos. ‘La ‘Ñ’ inspiradora’ podía estirar la inspiración de las palabras de los invitados a lo largo de varios minutos, y por eso la moderadora del debate fue directa al grano en su primera pregunta: ‘¿Inspira Castilla y León?’.
La cuestión no sirvió demasiado para inspirar a los invitados en sus respuestas, pero quizás sí para que los asistentes al debate se pudieran hacer una primera idea de por dónde inspiraban los cuatro contertulios. Desde un primer momento se pudo ver cómo las respuestas de Eduardo Fraile iban a ser las de un poeta que, como se encargó después de relatar, había dado mucha importancia en su obra, sobre todo en el principio, a “el significante, a las palabras”. Instantes más tarde, a la hora de ser preguntado sobre los premios y la importancia que éstos habían tenido en su carrera profesional, confesaba reafirmando las sensaciones causadas entre el público: “yo antes ni siquiera me planteaba presentarme a premios, porque lo que yo había escrito tenía sentido para mí, pero no pensaba que pudiese tenerlo para otros; la vida te va haciendo entrar en el juego”.
Y precisamente en el juego del debate entró pronto el segoviano Alberto Olmos, a quien la Ñ, o al menos la lengua, le inspira, y después de describirse como un autor con una obra autobiográfica que pretende evitar obviedades, llegó a afirmar que “Dan Brown no está en el mismo barco de Cervantes... ni en el mío”. Y es que si hubo un tema que generó debate entre los escritores, dejando a un lado a Fraile, que se alejaba de la polémica confesando que “yo sólo puedo hablar de narrativa desde el punto de vista de un lector”, ese fue el de las novelas de género, además de la cuestión de si todo está ya escrito o no.
En una profesión como ésta en la que los premios llegan a ser, en ocasiones, fundamentales para la promoción del autor, Teresa Sanz no quiso dejar de lado la cuestión y también demandó la opinión de los cuatro invitados, entre la que destacó la de Ana Isabel Conejo, escritora tanto de poesía como de narrativa, quien reconoció que “nunca habría publicado poesía de no haber sido por los premios, aunque también creo que éstos y la repercusión no van de la mano”. Algo de lo que dio fe Vicente Álvarez y su relato de cómo una gran editorial, no sólo no difundió su obra, sino que además se quedó con parte del dinero de su premio.
Para bien o para mal, ayer en el Museo Esteban Vicente,lo único que apremiaba era el tiempo, por lo que así, habiendo hablado hasta de blogs y la herramienta que suponen para un escritor, el reloj marcó el fin de la inspiración.