La formación vasco-gascona utilizó casi una veintena de instrumentos para deleitar a los segovianos. / PEÑALOSA
La música de Xarnege es mestizaje puro, intercambio en su máxima expresión. Músicos de ambos lados del Pirineo (vascos y gascones) se unen para aportar cada uno su forma de expresión musical. Y el resultado es una música libre, en la que todo es posible.
Dos vascos de Guipúzcoa y tres gascones recrean sus músicas respectivas, pero aportando un mismo espíritu gracias a una conjunción admirable y algo misteriosa entre sus voces (utilizadas en pocas ocasiones) y los casi veinte instrumentos que interpretaron a lo largo del concierto. Pero entre todos ellos, destacó por encima de todo el sonido magistral de la zanfona, un instrumento que comenzó siendo culto y del que acabó apoderándose el pueblo o, como dice Xarnege, "pasó de la corte a los mendigos".
Un concierto impecable en el que no faltó el típico problema cuando el equipo de sonido dejó de funcionar durante un par de minutos. Los miembros de Xarnege siguieron tocando y cantando como si nada hubiera pasado, en un alarde de profesionalidad que hubiera merecido un mayor aplauso por parte del público que ayer prácticamente llenó La Alhóndiga.
Por otra parte, el grupo castellano manchego Milo ke Mandari ofreció su repertorio de música folklórica de los países maditerráneos y orientales. Su música transportó al público segoviano a los lugares orientales más lejanos, pero teniéndolos tan solo a unos metros de distancia.
La música de Isabel Martín, a la voz, las percusiones tradicionales de la península y percusiones orientales, y Carlos Ramírez con la mandolina, dejaron huella en los asistentes en La Alhóndiga.