El Adelantado de Segovia
Segovia, jueves 24-05-2012 h.

Estás en El Adelantado de Segovia :: Portada > Local
usuario:  
contraseña:
registrar recordar contraseña

LOS PLÁSTICOS
ALBERTO FERNÁNDEZ "COLOMBIA": Sublime
Rodrigo González Martín - Segovia | 29/06/2009
Segovia necesita un Palacio de Congresos
1132 días
sin desdoblar y sin cerrar la variante de la capital
Blogs
  BLOGS
El coleccionista
foto por Marcos  Borregón
24/05/2012
100 miradas
Paseando comentarios
foto por Juan Carlos  Manrique Arribas
24/05/2012
Otro deporte es posible
Desde mis ruedas
foto por José Luis  Herrero
22/05/2012
Crisis, Recortes y Discapacidad
      Ver más Blogs
  Encuesta
¿Cree que la ampliación de la zona de aparcamiento regulado optimizará el tráfico en el barrio de Santa Eulalia?
Sí.  No.  N.s./n.c.  
Vota  
Resultado
3 puntos 3 puntos 3 puntos 3 puntos 3 puntos
   2 votos
  imprimir
  enviar a un amigo
  Enviar

Alberto Fernández Colombia viene desde hace tiempo vislumbrando el itinerario que ahora expone. Partir de una idea para trabajar, iniciar el proceso creativo con la chispa de una sugerencia potente, desconcertante. Hay que reconocer que no por casualidad, esperemos, en la Galería Montón de Trigo, montón de paja podemos ver exposiciones que arriesgan no sólo una producción artística sino una estética interesante y cuidada.
Es de constatar una línea expositiva coherente y arriesgada en este pequeño y difícilmente accesible espacio, lo que es muy de valorar y reconocer, dado el panorama de las exposiciones artísticas en Segovia.
La exposición de Fernández Colombia asume el reto de dar visualidad a unos de los conceptos más extremos y fecundos de la estética moderna, lo sublime. Lo que por si mismo nos invita a repensar viejos debates estéticos, hoy casi olvidados cuando no despreciados, pero sin duda imprescindibles si queremos ahondar no sólo en la teoría sino en la misma práctica del arte, tanto desde el artista como desde el espectador.
No es nuestra intención rememorar el legado de estas aportaciones profundas y ricas, tendríamos que retrotraernos a la crisis de la razón ilustrada para ubicarnos con ciertas garantías, pero dado que el pintor nos invita a pensar su obra desde la frase de V. Hugo, aceptemos también la incitación.
Es cierto que la crítica debe centrarse en la obra, pero si vemos la exposición que nos ofrece Montón de trigo nadie puede sentirse ajeno a un buen número de preguntas sobre lo sublime y, lo que es más provocativo, su presencia en el mundo actual.
Definimos lo sublime como lo excelso, lo eminente, lo extraordinario. Y con el diccionario de la RAE en al mano atribuimos lo sublime a concepciones mentales y a producciones literarias o artísticas que tienen por caracteres distintos grandeza y sencillez admirables. Así que lo sublime es tanto objetivo como subjetivo, físico como mental, estético como moral. Y así vamos poco a poco acercándonos a la complejidad y sutileza atractiva pero desconcertante de lo que ambiguamente llamamos sublime.
Para mayor desconcierto y si aún mantuviéramos aquella vieja afición ilustrada a las etimologías, convendría recordar que lo sublime radica su fuerza y nace su impacto en el inquietante mundo de los límites. Lo sublime es ante todo una experiencia límite, radical, y en esa medida inquietante y hasta pavorosa. De lo sublime a lo subliminal, al menos etimológicamente, hay un pequeño paso. Por lo que lo sublime no tiene tanto que ver con el objeto sino con el sujeto en provocación.
En lo sublime es el sujeto, el creador, en fin, el espectador el que siempre va a estar en juego y en un riesgo de perder de todo o de ganar todo, de ahí el dramatismo inherente de lo sublime.
Estamos convencidos de Alberto Fernández Colombia al menos intuye el terreno potente pero resbaladizo que transita y la compleja herencia que cabalga sobre el significado del concepto sublime. El reto merece la pena, aunque "lo sublime y lo ridículo están a un paso" (Th. Paine). Lo grotesco, lo ridículo, lo penoso, lo banal van de la mano como riesgo de lo sublime. Y en ese atrevimiento está la enjundia creativa y la provocación que nos implica.
Vivimos en un momento cultural líquido, al decir de Zygmunt Bauman, o débil según Gianni Vattimo, o efímero según Gilles Lipovetsky, o fragmentario según Jean-François Lyotard, y tantos otros. ¿Es este el territorio propicio de lo sublime en pleno siglo XXI?
No olvidemos tampoco que en física sublimar es el paso del estado sólido de los cuerpos al vaporoso. Es curioso, pero desde la física, al psicoanálisis -con la ya conocida teoría de la sublimación de los conflictos-, a la estética, entre otros campos, pareciera que lo sublime volviera a estar en vigencia, casi en urgencia.
En sus Cartas filosóficas Voltaire suele decir que "si uno no es sensible, no será nunca sublime". Lo que viene a situar el problema de lo sublime en la experiencia de la recepción de la obra artística. Lo sublime de alguna forma ritualiza la mirada y la emoción. Lo sublime es implicativo en grado sumo y nos propone que el arte es tanto tarea del que propone y dice como del que recibe y escucha. Lo sublime no es la obra, ni el objeto, sino ese momento mágico de sensibilidad al límite entre la propuesta creativa y el público. Lo sublime es independencia y libertad, complicidad e interpretación, fusión entre la obra y el espectador, entre el objeto y el sujeto. Donde el tiempo y el espacio se aúnan y se anulan a la par.
Tal vez, Fernández Colombia ha descubierto que el verdadero sentido de las cosas es fijarlo en una imagen penetrante y exhaustiva. Así en lo sublime somos capaces de proponer los grandes retos del arte y de la vida, que en el caso de la obra que vemos es la violencia, la máscara, en el fondo la identidad maquillada, la personalidad recortable de sus iconos, la distorsión y el dolor. Antropomorfización de lo sublime.
En la obra de Fernández Colombia el color doliente nos conmueve y sublima. Y los ojos profundos nos retan. Y la sangre y el gesto cartografían la forma del rostro, para no dejarnos impasibles, pasivos. Ahora lo sublime se acerca a lo obsceno y nos reta. Y exige un nuevo espectador, un nuevo ciudadano, como ya propuso Ortega y Gasset en El Espectador. Lo sublime recupera la crítica al poder que siempre tuvo y exige una democratización del arte.
Caemos en la cuenta que lo sublime hoy no nos provocaría el famoso "síndrome de Stendhal".

El artista
Alberto Fernández Hurtado añade su heterónimo "Colombia" cada vez con mayor reconocimiento, intuyo que debe proceder de su anterior "vida" ciclista.
Ha realizado estudios superiores de Ilustración y Diseño en la escuela de Arte Casa de los Picos de Segovia.
Ha participado en un buen número de exposiciones colectivas e individuales, así como en Certámenes y Concursos.
Ha sido becado por la Real Academia de Historia y Arte de San Quirce y ha recibido el Premio Nuevos Creadores otorgado por la Caja de Ahorros de Segovia.
Ha sido seleccionado en el Premio Yuglo Báculo 2008. Su obra está presente en numerosas colecciones españolas.

     Contacto   |   Aviso Legal   |   RSS RSS
 |  © El Adelantado de Segovia 2012  |  Diseño: Globales Internet |  Asesoramiento 2.0: Iberzal.com |