El Adelantado de Segovia
Segovia, lunes 06-02-2012 h.

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ENTREVISTA
«La Segovia del siglo XVI late a lo largo de toda mi novela»
José García Abad, periodista y escritor.
Aurelio Martín - Segovia | 18/06/2009
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  José García Abad, con su novela, ayer en Segovia. / JUAN MARTÍN

Reconociendo cierta “deformación historicista”, el presidente del Grupo Nuevo Lunes y periodista, José García Abad (Madrid, 1942), ha recurrido a un thriller histórico en su primera novela: “Sobra un rey”, que se presentó anoche. Segovia late en toda la obra, donde los sucesos históricos son menos verosímiles que la trama novelesca —la realidad supera la ficción— que ha ido tejiendo el autor de libros como “La soledad del Rey”, “Adolfo Suárez. Una tragedia griega”, “Las mil caras de Felipe González” y “El Príncipe y el Rey”.

García Abad aprovecha las andanzas de dos cronistas, personajes inventados en un marco respetuoso con el momento y sus auténticos protagonistas, para relatar temas que hoy serían actualidad, como las relaciones entre el poder y la prensa o la asimilación de los moriscos tras la conquista de Granada.
Después de abordar temas actuales en otros libros, ahora recurre al thriller histórico, ¿a qué se debe esta incursión?
Quizás se deba a que sufro cierta deformación historicista. Estoy convencido de que podemos comprender mejor la época en la que vivimos si buceamos en el pasado. Concretamente en la época que sitúo mi novela —las dos primeras décadas del siglo XVI y de forma especial los años 1505 y 1506— se originan algunos problemas actuales como el de la organización territorial del Estado.
Por ejemplo, la unión de los reinos de Castilla y de Aragón realizada a título personal por Isabel y Fernando, no llegó a profundizarse en la práctica y se puso en cuestión a la muerte de Isabel la Católica en noviembre de 1504.
Por otro lado la asimilación de los moriscos tras la conquista de Granada explica determinadas actitudes racistas e ilustra el actual debate sobre la inmigración. El thriller me ha salido de forma natural pues aquella época en la que parecía que España se rompía, los asesinatos, secuestros, sobornos y demás tropelías estuvieron a la orden del día. De hecho los sucesos históricos son menos verosímiles que la trama novelesca que he inventado.
Parece querer concluir que la propaganda y la prensa, también hace cinco siglos, se ha utilizado por los poderosos, junto con la intimidación… ¿No ha cambiado nada desde 1504?
Han cambiado las formas más que el fondo. La naturaleza del poder y su tendencia al abuso de quien lo posee ha cambiado poco como poco han cambiado las grandes pasiones humanas: amor, odio, afán de venganza o envidia.
La relación del poder político y económico con los escritores y cronistas se ha refinado pero en el fondo late el mismo afán de manipulación y se utilizan las mismas herramientas: la amenaza, la seducción o el soborno. La culpa no es exclusiva de los poderosos.
Con frecuencia es el propio periodista quien acude presuroso y gozoso en auxilio del poder establecido o del que tiene más posibilidades de establecerse. Los protagonistas de mi novela son dos cronistas: Jaime de Garcillán y Alonso de Torrelaguna. Al principio ambos apoyan a Fernando el Católico frente a Felipe el Hermoso pero más adelante Alonso toma partido contra el poder establecido mientras Jaime se muestra más cauto.
¿Cuánto hay de ficción y cuánto de realidad en esta novela?
La trama novelesca, especialmente en lo que se refiere a las andanzas de Jaime y Alonso, es pura ficción, pero el marco político, religioso, cultural y social en que se mueven es muy riguroso y producto de una concienzuda documentación. Lo que dicen y hacen mis ‘personajes secundarios’ que son gente de la talla de Cisneros, Erasmo de Rotterdam, los papas Alejandro VI y Julio II, los obispos Villaescusa y Fonseca, los nobles como Alba, Benavente o Villena o Germana de Foix, un personaje inquietante, responde a la realidad histórica aunque obviamente están libremente dramatizados por mi.
La Nobleza ya no manda en la España de hoy pero su actitud de entonces se corresponde con la que puede observarse en la aristocracia del dinero. La Iglesia ha cambiado bien poco.
¿Por su formación en Historiografía, cree que la obra toca algo que no se haya abordado hasta ahora?
Desde luego. No he descubierto ningún Mediterráneo pero recojo las últimas aportaciones historiográficas que rompen muchas ideas que teníamos sobre aquella época. Por ejemplo la legitimidad de la toma del poder por Isabel la Católica; la locura de la mal llamada Juana la Loca; la personalidad de Carlos I de España y V de Alemania… Es muy novedoso por ejemplo lo referente a las relaciones sexuales del joven Carlos V con su abuelastra Germana de Foix, la viuda de Fernando el Católico. O el robo que perpetró Carlos V a los tesoros de su madre, Juana de Castilla.
¿Cómo era la Segovia de la época y sus cronistas?
Segovia era entonces una ciudad muy importante con más de 30.000 habitantes, una poderosa industria, donde se acuñaba moneda… La ciudad tuvo un espectacular desarrollo gracias a Enrique IV, hermanastro de Isabel la Católica, a quien esta sucede en detrimento de Juana la mal llamada ‘Beltraneja’. A Enrique IV le interesaba Segovia, de la que raramente salía, mucho más que el resto de su reino. Era rey y alcalde de la ciudad.
Segovia late a lo largo de toda mi novela. El protagonista es de Garcillán, un pueblo muy próximo a la capital, pero trabaja en la ciudad de Segovia. Allí tiene el local donde imprime sus ‘pliegos sueltos’ y es en esa imprenta donde arranca la novela cuando irrumpen los alabarderos a registrarla. Por cierto el título del primer capítulo es significativo de lo que hablábamos antes: “Hay alguien que no quiere que algo se publique” que para mi es casi la definición de noticia.
En Segovia, concretamente en el Palacio de Santa Cruz recluta a Jaime de Garcillán. La familia del protagonista tiene en Segovia un establecimiento de paños. En Segovia Jaime se enamora de una ilustre monja...

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