El Adelantado de Segovia
Segovia, jueves 17-08-2017 h.
El tiempo por Tutiempo.net
Estás en El Adelantado de Segovia :: Portada > Local
usuario:  
contraseña:
registrar recordar contraseña

CONVERSACIONES CON...
Ennio Morricone, entre el spaguetti western y la música sacra
 | 12/08/2017
La Guia de Segovia
Blogs
  BLOGS
Conexión Campo Grande
foto por Teresa  Sanz Nieto
14/08/2017
Ciudad de camareros
La ciudad sin murallas
foto por Jesús A  Marcos Carcedo
25/07/2017
Pero, ¿qué nos pasa a los hombres?
      Ver más Blogs
  Encuesta
¿Debe prohibirse el uso del embalse de El Pontón como zona de baño?
si  no  ns/nc  
  SMS
      Ver más
Vota  
Resultado
0 puntos 0 puntos 0 puntos 0 puntos 0 puntos
   0 votos
  imprimir
  enviar a un amigo
  Enviar
conversaciones01(16).jpg
  El compositor italiano Ennio Morricone recuerda en esta entrevista sus mejores trabajos.

El compositor italiano, hijo de un trompetista y apasionado del ajedrez, debutó en la creación de partituras para películas en 1961, aunque su fama le llegó con ‘Un puñado de dólares’ dos años después, bajo la dirección de Sergio Leone y en compañía de un todavía desconocido Clint Eastwood. En un itinerario signado por el principio personal y musical de “respeta los orígenes y experimenta”, ha puesto firma a más de treinta películas del Oeste y otras tantas de diverso género hasta la entrega —hace un par de años— de una obra espiritual, que no religiosa, ‘Misa para el Papa Francisco’. Lejos quedan sus iniciales exitosas composiciones y arreglos para Mina y Paul Anka en los felices y distendidos sesenta, y la elegante conminación de que fue objeto por parte de su padre cuando el torbellino mental de Ennio se debatía entre ser campeón mundial de ajedrez o reputado médico. “Tú darás de comer a tu familia con esto —dijo el viejo descargando el instrumento sobre la mesa—; yo así lo he hecho a lo largo de mi vida…” La conversación siguiente es un extracto de los encuentros mantenidos por el joven músico Alessandro de Rosa con el viejo maestro que dio origen al volumen ‘En busca de aquel sonido’ editado por Malpaso.

— ¿Cómo conoció a Sergio Leone?
— Un día de finales de 1963, sonó el teléfono de casa. “Buenos días, me llamo Sergio Leone…” El tipo dijo que era un director de cine y, sin demasiados preámbulos, añadió que más tarde me haría una visita para hablar más detalladamente de un proyecto. Entonces vivía en Monteverde Vecchio.
El apellido Leone no me resultaba nuevo, pero, en cuanto lo vi en la puerta de casa, algo en mi memoria se activó inmediatamente. Noté enseguida un movimiento en su labio inferior que me recordaba algo: aquel hombre se parecía a u chiquillo que había conocido en tercero de primaria.
Yo le pregunté: “Pero ¿tú eres Leone, el de mi colegio?”.
Y él: “¿Y tú Morricone, el que iba conmigo al viale Trastevere?”.
Como para no creérselo.
Cogí la vieja fotografía del colegio y ahí estábamos los dos. Fue increíble que nos encontráramos después de treinta años.
— ¿Fue para hablar con usted de ‘Por un puñado de dólares’?
— Sí, pero en ese momento todavía tenía el título provisional de El magnífico extranjero. Yo sabía poco de películas del Oeste, pero el año anterior había escrito la banda sonora de ‘Duello nel Texas’ (1963), una coproducción italo-española dirigida por Ricardo Blasco y Mario Caiano, y estaba trabajando en ‘Las pistolas no discuten’ (1964).
Pasamos toda la tarde juntos. Salimos a cenar a la tasca de Filippo, alias el Carretero, un amigo y compañero nuestro de la época del colegio, que había heredado el local de su padre Checco, donde se comía muy bien. Sergio pagó.
— “¡Cuando un hombre con pistola se enfrenta a un hombre con rifle, el de la pistola es un hombre muerto!” Y Eastwood responde: “Ya veremos”.
— Yo comprendí enseguida que ese tono picaresco y agresivo tendría que ampliarlo y agudizarlo en la banda sonora.
— Por lo que dice, parece que Leone tenía desde el principio la idea de narrar las películas del Oeste como un universo mítico.
— En los años siguientes, Sergio empezó a decir que el mayor escritor de películas del Oeste había sido Homero, en cuyos héroes veía los arquetipos de sus vaqueros. No sé si en 1964 ya tenía esa idea, pero enseguida pude vislumbrar en él una gran ambición: la de reescribir el western enlazándolo tanto con el modelo estadounidense como con la commedia dell'arte italiana, apartándose de ambos lo suficiente como para que fuesen reconocibles pero también nuevos, innovadores, pero una cosa era decirlo y otra, hacerlo.
Hay que reconocer que por aquel entonces no estaba seguro de que fuera a conseguirlo: aquellos años, el western atravesaba una grave crisis en Italia, pero en poco tiempo Leone fue capaz de hacerlo renacer. Y puede que solamente él tuviera el espíritu adecuado y la capacidad para lograrlo.
— No era usted el único que tenía dudas sobre el éxito de la operación. Y sin embargo, Por un puñado de dólares cosechó tanto éxito….
— Nadie se esperaba tamaño éxito y mucho menos que una película de tan bajo presupuesto triunfase fuera de Italia. Leone me había dicho: “Ya sería mucho que llegase a Catanzaro, pero tenemos que demostrarles lo que sabemos hacer”.
Los productores querían hacer pasar la película como estadounidense, para que tuviera más gancho, por eso todos trabajamos con seudónimo. Volonté, en el papel de Ramón, aparecía como John Wells, yo firmé como Dan Savio, como ya había hecho para la película de Caiano, y Leone se convirtió en Bob Robertson. El único que utilizó su propio nombre fue, precisamente, el protagonista, el hombre sin nombre, un casi desconocido Clint Eastwood, en una de sus primeras apariciones cinematográficas.
— El 12 de septiembre de 1964, Por un puñado de dólares se estrenó en un cine de Florencia y, a partir de aquel momento, a la película le fue bien no solo en Catanzaro: aquel film fue un éxito sin igual... ¿Qué recuerdos guarda de la realización?
— Aquella película fue el banco de pruebas de mi relación con Sergio y, de golpe, todo salió a la luz, nuestra gran camaradería y nuestras diferencias.
— Entre los timbres que empleó, el silbido es quizá el más primitivo pero también el más íntimo: en un mundo en el que la vida no vale gran cosa, silbar por la noche junto a una fogata es el único modo de alejar la soledad con dignidad y una pizca de arrogancia.
— El silbido de Alessandroni funcionó tan bien que Sergio quería empezar también ‘La muerte tenía un precio’ (1965) con la misma pieza que había abierto la película anterior, pero, afortunadamente, aceptó mi consejo de que debía recuperar aquel ambiente con algo que la mejorase y la variase ligeramente.

Esta noticia se puede leer al completo en la edición impresa de El Adelantado de Segovia y en Kiosko y Más.

     Contacto   |   Aviso Legal   |   RSS RSS
 |  © El Adelantado de Segovia 2017  |  Diseño: Globales Internet |  Asesoramiento 2.0: Iberzal.com |