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INSTITUTO DE LA CULTURA TRADICIONAL SEGOVIANA
Las Alcaldesas zamarriegas. Un viaje al intimismo, retrato a retrato
Esther Maganto - Segovia | 04/02/2017
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  Isabel, Alcaldesa de Zamarramala junto a Victoriana en 1922. Retrato de Isabel firmado por el Padre Benito de Frutos. Archivo del P. B. de Frutos. Santuario del Henar (Cuéllar).

Contemplar los retratos de las Alcaldesas de Zamarramala del último siglo, desde 1922 hasta 2016, es un viaje al “intimismo” de la mujer zamarriega convertida en icono cultural el día de “su fiesta grande”: Santa Águeda. Los retratos personales conservados como parte de colecciones particulares y cedidos al Centro Cívico “Pinilla”, han cambiado de “status”: convertidos ahora en colección etnográfica, y expuestos en un espacio público, su estudio en profundidad puede sacar a la luz una nueva historia en torno a la tenencia del traje de Alcaldesa, puesto que en el último siglo el préstamo entre las familias de las prendas textiles y de la joyería — tanto civil como devocional— ha sido el eje vertebrador y significativo de un universo festivo compartido por toda la comunidad. Entre las mujeres, lo tienen claro: “para servir la fiesta, nunca una Alcaldesa de Zamarramala se ha quedado sin vestir”, aludiendo al esfuerzo de todas las familias para que las Alcaldesas lucieran ante toda la vecindad, las mejores galas heredadas y conservadas.
El sueño de quien fuera Presidenta del Concejo de Aguedera, Ana Mateo, y fraguado en 2009, se ha convertido en realidad. Al entrar en la Sala de Retratos de las Alcaldesas de Zamarramala, uno comprende que ha dado un paso hacia delante en la historia no sólo de una fiesta, sino en las historias de vida de quienes han sustentado la misma: las mujeres zamarriegas retratadas con el traje de Alcaldesa durante la celebración de su fiesta “grande”, Santa Águeda. Contemplar cada retrato, desde el primero de los expuestos —1920, con Avelina y Alejandra—, hasta el último —2016, con Soraya y Elena—, nos lleva a enlazar a unas mujeres con otras a través de sus propios vínculos familiares: “— mira, ahí está mi abuela Victoriana, Alcaldesa en el año 1922 —”, aclara Feli a unas cuantas mujeres, sabiendo que su propio retrato tiene la fecha de Alcaldesa en 1988; a su vez, Isabel Ceballos, Alcaldesa en 1968, comparte con Feli la fecha de 1922, puesto que la acompañante de Victoriana como Alcaldesa fue su abuela Isabel.

Historias de vida
En cada uno de los retratos expuestos pueden rastrearse los parentescos familiares, puesto que entre ellos figuran hermanas, primas, vecinas o amigas desde la infancia; además, y como vínculo indisoluble de la celebración de la fiesta en honor a Santa Águeda — patrona de lactantes —, entre las historias personales de las mujeres retratadas aparecen las que sirvieron a la santa en estado de buena esperanza, como Josefina, Alcaldesa en 1958, y que sirvió a Santa Águeda “embarazada de ocho meses, aunque la señora Sebastiana me vistió muy bien “. Por ello, entre los nuevos datos que pueden sumarse a partir de las fotografías expuestas, también están los retratos que no se conservan, como los de las Alcaldesas del periodo 1937-1940, coincidiendo con la Guerra Civil española: tal y como afirma Mª Cruz Velasco, “mi abuela Sebastiana fue Alcaldesa en el año 1937, pero no se ha conservado su retrato. No obstante su recuerdo entre las mujeres de Zamarramala se mantiene entre las Alcaldesas a las que vistió, desde 1938 hasta mediados de la década de los sesenta”.
Al mismo tiempo, en el recorrido visual de todos los retratos también es posible rastrear algunos casos excepcionales, como las mujeres que sirvieron a la santa en más de una ocasión, ocupando en el último momento el puesto de una de las Alcaldesas — por motivos tan justificados como el de una pérdida familiar —. Y así, de un lado a otro de las cuatro paredes que ocupan las imágenes, entre las mil y una historias y los secretos que guardan, se perfilan nuevos aspectos de estudio, puesto que otro de los hilos conductores que desplega el visionado de conjunto es el poder observar “in situ” el cambio/la permanencia en el uso de determinadas prendas y joyas como parte del traje de Alcaldesa. En el último siglo, puede seguirse claramente el rastro de monteras, tocas, manteos, delantales o cintas corporales —”valores militares”— además de Cristos “triperos”, medallas y collares… prestados por las distintas familias a las Alcaldesas de un determinado año. La presencia de tales piezas testigo revelan la exquisited en su conservación, la estrecha relación mantenida entre familias y vecinos, y el deseo común, compartido y prolongado en el tiempo, de conservar una fiesta irreductiblemente única en la provincia de Segovia.

Esta noticia se puede leer al completo en la edición impresa de El Adelantado de Segovia y en Kiosko y Más.

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