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CONVERSACIONES CON...
«Fue una suerte que Adolfo Suárez viviera en Segovia y articulara aquel núcleo de la Transición»
Entrevista a Emilio Zamarriego Monedero (Cantalejo, 1940).
Teresa Sanz - Segovia | 20/11/2016
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  Emilio Zamarriego Monedero.

Fue uno de los alcaldes más jóvenes de España porque Adolfo Suárez le nombró regidor de Cantalejo en 1969. Ahí arrancó una carrera política que transitó por las siglas del centro-derecha. Empresario, alcalde de su pueblo natal, Presidente de la Diputación, senador centrista y uno de los ocho alcaldes que ha tenido la ciudad de Segovia en Democracia.
Elegido en 1986, tras producirse la moción de censura que arrebató la alcaldía al primer socialista.

— ¿Le cogió por sorpresa aquel voto oculto que le dio el bastón de mando?
— Sí. Nunca preví que un voto del PSOE pudiera votarme, pero por otra parte cuando presentamos la moción de censura contra Miguel Trapero, en 1986, pensamos en que alguna posibilidad tendríamos y así lo maduramos.
— Treinta años después, ¿Qué recuerda de aquella investidura contra todo pronóstico?
— El PSOE estaba gobernando en minoría; a veces tenía el apoyo del CDS, del grupo de independientes: SI; del liberal Félix Ortiz. Unas veces salían los temas adelante y otras muchas no. En aquella ocasión no íbamos a apoyar los presupuestos socialistas. En aquel Pleno, muy tenso, el concejal del PSOE, Ricardo Cáceres, rebatió mi postura con dureza y dijo: 'su única solución es presentar una moción de censura'. Y así lo hicimos, pese a considerar que teníamos muy pocas posibilidades de salir. Pero, como de las urnas salen gatos, en este caso salió un voto, que no considero que fuera traidor. Nunca me ha preocupado de dónde salió, pero sí creo que fue un voto responsable, porque el PSOE en aquellos momentos no podía gobernar.
Salí elegido y trabajé con mucha ilusión, dentro de una política de continuismo. Fue una época dura, pero interesante. Siento los errores cometidos; trabajé mucho y unas veces conté con apoyo y otras con ninguno; así que terminado mi mandato me quedé tan a gusto.
— Aquel voto, ¿ha sido uno de los secretos mejor guardados del Consistorio?.
— Efectivamente no sabemos quién fue y si alguien lo sabe no lo dice.
Sé con quien conté. Tuve los 10 votos del Grupo Popular, formado entonces por Alianza Popular, AP, (aún no existía el PP); el PDP al que yo pertenecía y del grupo liberal. Tuve el apoyo de Félix Ortiz y de uno de los dos concejales independientes: Isidro Ayuso, además del CDS, partido que yo considero mío porque entré en política de la mano de Adolfo Suárez, pero en ese momento con el CDS habíamos tenido muchas tensiones y no me votaron.
— Fueron 9 meses de alcaldía, entre septiembre de 1986 y junio de 1987: tiempo de pactos y de muy distintas siglas. ¿Cómo lograban entenderse?.
— Cuando tienes la mano tendida para sacar cosas adelante y eres consciente de que nunca se tiene la razón al cien por cien y, además eres suficientemente humilde para reconocer que necesitas apoyo, todo es más fácil. Desciendo de una familia de pequeños comerciantes, donde la negociación es esencial. Podría decirse que he aplicado en mis etapas políticas lo que decía muy abuelo, Casimiro Monedero, muy buen comerciante: a los clientes hay que conservarlos y a los que no lo son, saber atraerlos. Esta consigna siempre la he tenido en cuenta: Fue mi línea en el Ayuntamiento y en mi vida.
— Fue senador junto con Luciano Sánchez Reus y Julio Nieves Borrego, los tres de UCD, en las elecciones de 1979 y estaban en el Congreso cuando se produjo el golpe de Estado del 23-F de 1981. ¿Qué recuerda?.
En aquella sesión de investidura de Leopoldo Calvo Sotelo estábamos los tres. Lo recuerdo todo, como si fuera ayer. Había comido en el Congreso con Carlos Gila y Modesto Fraile, ambos diputados de UCD y buenos amigos. Seguíamos el debate desde la fila 8 cuando entró Tejero. Mi sentimiento fue de sorpresa y miedo, porque ver a un guardia civil pegar tiros en el Congreso es muy duro. Lo primero que pensé es que eran de ETA, disfrazados de Guardias civiles; luego se fueron aclarando las cosas. Coincidió también que Fernando Abril Martorell, que ya no era ni ministro ni vicepresidente, estaba allí en una galería cerca de los periodistas y al empezar el jaleo se tiró hacia la bancada de los congresistas, en un movimiento muy rápido. Me dijo: ¡hazme sitio!, y se sentó a mi lado. Cuando los tiros fueron a más, recé lo que sabía y me acordé de mi familia. Como Fernando Abril conocía las interioridades del Congreso y tenía muchos contactos, en seguida nos aclaró lo que pasaba. Carlos Gila fue a atender varios ataques de ansiedad como médico y cuando volvía a su asiento nos iba informaba de cómo andaba la situación. Como anécdota no se me han olvidado dos cosas: las seis horas sin movernos del asiento, sin salir siquiera al baño, teniendo luego que pedir permiso para ir escoltado por algún guardia Civil, y los saludos que proferían algunos de ellos a Blas Piñar, que estaba encantado de recibirlos.

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