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CULTURA
El premio al talento generoso
Maria Luisa Martín, fundadora de la Coral Ágora y directora de la Escolanía, recibe, en un acto solemne, la Medalla al Mérito Cultural de la ciudad de Segovia, galardón que ostentan Nuevo Mester de Juglaría y Titirimundi.
Sergio Arribas - Segovia | 19/10/2014
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  La alcaldesa en el momento de la entrega de la medalla a Maria Luisa Martín, ayer, en San Juan de los Caballeros./ J. Martín

La modestia es virtud de inteligentes. En el escenario de la iglesia de San Juan de los Caballeros, la coral, que aglutina todas las edades, acaba de interpretar, bajo su dirección, la última pieza del concierto que ponía colofón al acto. Con el público en pie, aplaudiendo a rabiar, y lanzando vítores —se escuchó más de un ¡bravo¡— María Luisa Martín, “Marisa”, tuvo un gesto torero que, en este caso, demuestra la modestia que ha presidido su exitosa trayectoria profesional. Como el torero que muestra el trofeo al público en señal de agradecimiento, Marisa dedicó la medalla, que ya tenía colgada al pecho, a modo de pase taurino, a todos los miembros del coro, exultantes al ver cómo el rostro de su “maestra” dibujaba una gran sonrisa y también alguna lágrima, consecuencias de la emoción. Marisa soltó entonces todos los nervios de un acto en el que sobrevolaron los recuerdos, los agradecimientos, la emoción y el amor por la música y la enseñanza.
No cabía un alfiler en San Juan de los Caballeros, señal de los méritos de la homenajeada. Marisa Martín, fundadora en 1980, junto con otros jóvenes segovianos, de la ya mítica Coral Ágora y directora de la Escolanía de la Fundación Don Juan de Borbón, desde su creación en 1996, recibió ayer, de manos de la alcaldesa, Clara Luquero, la Medalla al Mérito Cultural de la ciudad de Segovia, un premio que reconocía el esfuerzo, dedicación y talento de una de las personas más vinculadas y comprometidas con la música coral de la ciudad.
A la cita asistió la mayoría de los miembros de la corporación, destacados artistas y representantes segovianos de la cultura —imposible citarlos todos—, familiares, amigos y compañeros de la Coral Ágora y de profesión de la homenajeada; y también antiguos alumnos —“mis hombres de la Escolanía”, bromeó en su discurso—, agradecidos con su docencia magistral, que se cuentan por decenas, a lo largo de casi dos décadas.
La corporación decidió, por unanimidad, otorgar la Medalla a Marisa Martín, en respuesta al escrito presentado por Fernando Ortiz, en representación del Grupo “Nuevo Mester de Juglaría”, que recibió la primera medalla al mérito cultural concedida por el Ayuntamiento.
Tras la lectura del acuerdo, por parte de la secretaria general del Ayuntamiento, Eva Martín Minguela, intervino la alcaldesa, para asegurar que la distinción pretendía reconocer “el esfuerzo (…) y la brillantez de una trayectoria de la que los segovianos “nos sentimos partícipes y orgullosos”. Luquero repasó su extensa y exitosa trayectoria profesional, marcada por la Coral Ágora “un sólido conjunto coral, de los más prestigiosos de España”; la creación de los cursos de técnica vocal, dirección y canto, “toda una referencia en nuestro país”; y su labor “abnegada e impagable al frente de la Escolanía” de la Fundación. “Muchas gracias, querida Marisa, por hacernos gozar, por hacernos sentir orgullo y por proyectar la imagen de Segovia como una ciudad cultural de primer nivel a través de nuestra Escolanía y de la Coral Ágora y del Curso Coral”, subrayó Luquero.
Fue entonces cuando la maestra y directora de música coral subió al escenario para recibir la medalla de manos de Luquero, con la que se fundió en un fuerte abrazo, una escena que aclamó con entusiasmo el público. En su intervención, interrumpida en varias ocasiones por los aplausos, Marisa Martín, recordó aquella actuación musical, cuando ella tenía “siete u ocho años”, en el colegio Jesuitinas, donde participó cantando y tocando “algún instrumento”; y cómo las religiosas le comentaron a sus padres que “la niña tiene que estudiar música”, por lo que comenzó a dar clases de piano. Tuvo agradecimientos para sus padres, fallecidos, su familia, a sus hijos Jesús y Rodrigo, al colegio —especialmente a la Madre Ana, su profesora—; al centro SAI, donde pasó años de juventud, y al presidente de esta asociación, el Padre Mariano Palacios, que le empujó a crear el coro que participaría en el teatro Juan Bravo en el concurso de Villancicos.
También recordó como se gestó la Coral Ágora, con compañeros de aquel centro juvenil; y el reto de crear un coro infantil, la Escolanía, gracias a la Fundación Don Juan de Borbón. Marisa Martín también señaló su convencimiento de que la música “tiene unos grandes valores educativos”, especialmente el canto coral, donde “hay que buscar el bien común, el del grupo, no el individual; te educa en la tolerancia y en el respeto a los otros del grupo o te enseña a tener un orden y una disciplina, como en la vida”.
No se olvidó de los momentos duros, como la necesidad de realizar “muchos ensayos” o el hecho de que en la Escolanía “de forma constante hay que formar voces y nuevos moralistas”. Pero también de los “momentos dulces”, como los premios obtenidos o la gran acogida y cariño siempre que una coral, bajo su dirección, ha experimentado en Segovia.
Pero todavía hay un proyecto pendiente, avisó Marisa Martín. “Segovia necesita un Coro de Jóvenes que continúe la labor hecha en la Escolanía. Un coro que sea un puente entre los niños y los mayores. Para que no se pierda el trabajo hecho. Para que se sigan educando y formándose a través del canto”.
Un pequeño concierto, con la interpretación de cuatro piezas, con la homenajeada en tareas de dirección, puso colofón al acto. Primero la Escolanía, después la Coral Ágora y, por último, los miembros de ambas formaciones, a los que se unieron antiguos alumnos. Fue después cuando Marisa Martín tuvo aquel gesto torero de agradecimiento, mostrando la medalla a todo el coro. Magisterio, entrega, tesón, talento y, sin duda, modestia y generosidad.

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