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Vinos con fórmula mágica
Tomás Postigo, Postigo Vergel S.L.
Adrián Méndez - Segovia | 03/12/2013
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  Fotografía de Tomás Postigo posando en los interiores de su bodega en Peñafiel.

Pasión, confianza y dedicación definen a Tomás Postigo. Si a esto también le añadimos la calidad de las materias primas y una buena idea, el resultado es como mínimo un éxito asegurado. Lleva más de veinte años trabajando en bodegas vallisoletanas, sobre todo en Peñafiel, pero a partir del año 2008 decidió ir más allá con su propia cosecha de vinos. Desde que comenzó en este sector no ha parado ni un segundo y tiene en mente otros proyectos como el poder crear un vino tinto segoviano en Bernardos, el pueblo de su madre.

Procedente de un pueblo segoviano, Cantimpalos, dedicado al mercado de la carne y los embutidos, Tomás Postigo (1959) realizó sus estudios sobre Ciencias Químicas en la Universidad Autónoma de Madrid para poder dedicarse en un futuro al mercado en el que se había criado. Su padre, Juan José Postigo, fue presidente en funciones de la Diputación de Segovia y director durante muchos años de la fábrica de embutidos El Acueducto, situada a las afueras de la capital. Por ello, no es de extrañar las primeras inquietudes profesionales de Tomás Postigo giraran en torno a este sector que tan familiarizado tenía. Pero con su pronto fallecimiento, los planes de futuro de Tomás Postigo giraron en otra dirección. Esta vez en torno al mundo del vino y la viña.
Así, después de terminar sus estudios en Madrid, investigó durante tres años en el Instituto de Fermentaciones Industriales (C.S.I.C.) y así se fue materializando con lo que es su actual carrera profesional y que tantos caminos y éxitos le está proporcionando.
Además, su actual y total dedicación al vino no sólo se vio impulsada por su entorno familiar y social sino que en la propia universidad un profesor le aconsejó este nuevo enfoque profesional. A raíz de una visita a una cooperativa vinícola de la Ribera del Duero situada en Peñafiel, surgió lo que sería su primera colaboración, traduciéndose tiempo más tarde en su primer contrato laboral.
Fue en 1984 cuando comenzó en el mundo de la enología profesionalmente en la bodega Protos en Peñafiel, pueblo en el que sigue actualmente. Pero únicamente fueron cuatro años trabajando allí hasta que en el 1988 participó en la fundación de la bodega Pago de Carraovejas.
Durante los años en los que estuvo trabajando para la bodega Protos, conoció a José María (propietario del restaurante segoviano José María) y la amistad que nació entre ellos, hizo que José María le manifestara sus inquietudes sobre el mundo del vino, concretamente en la elaboración de un propio vino para su restaurante y Tomás conocía la situación privilegiada de la finca de Carraovejas.
Su segundo paso como empresario y enólogo profesional fue desde diciembre de 1988 en otra bodega nueva también en Peñafiel, Pago de Carraovejas. Lugar en el que ha pasado veinte maravillosos años en los que tuvo ocasión de trabajar muy contento sobre todo marcado por la creación de un vino especial. Fue un momento de creación de un nuevo estilo en los vinos gracias a la utilización de barricas francesas o sistemas modernos de riego por goteo, que hasta entonces no se utilizaba o la creación de un vino de crianza que incorporaba Cabernet Sauvignon y Merlot al coupage con el Tinto Fino de la zona, afirma Tomás Postigo.
Veinte años más tarde, en el 2008, Tomás Postigo se lanzó al mercado por su cuenta, creando su actual bodega Postigo Vergel S.L, trabajando una nueva marca que lleva su propio nombre. Asegura que gracias al espíritu empresarial heredado de su padre se puso manos a la obra con su propia bodega, con mucha confianza y seguridad en lo que estaba haciendo. Por ello tuvo que vender sus acciones y ponerse manos a la obra con gran valentía y atrevimiento, teniendo en cuenta sobre todo las circunstancias económicas del país, en plena crisis. A pesar de todo esto, Tomás Postigo continuó con ello a base de confianza y trabajo, y aplicando la misma fórmula que durante tantos años había aplicado y tantos éxitos recaudó. Esta vez esa fórmula había que revestirla dentro de la crisis y adaptarla a la nueva situación del mercado para que triunfara y poder continuar con este proyecto. "Había que ponerse el traje de crisis para que la fórmula siguiera funcionando", comenta Tomás. El mismo vino e ideas, con la misma calidad e ilusión pero en esta ocasión rebajando costos, ésa es la fórmula que Tomás ha aplicado en las bodegas Postigo Vergel.
Tomás Postigo declara que la ilusión que tenía en el 2008 con su propia bodega era máxima, compensando así las posibles dificultades, que como en todo negocio, pueden surgir en sus comienzos. Pero en este caso, Tomás afirma que continúa con la máxima ilusión que había desde el principio.
Su larga trayectoria profesional le ha permitido afianzarse en el mercado nacional, consiguiendo la distribución de sus vinos por toda España, sin tener que buscar distribuidores, pues eran ellos los que acudían a las instalaciones de Tomás. Una situación bastante curiosa porque Tomás no esperaba venderlo tan fácilmente. "Fue una sorpresa", apunta el enólogo. En apenas pocos meses después de su fundación, la bodega Tomás Postigo poseía distribución por toda España.
Su bodega está caracterizada por la sencillez en las instalaciones y la calidad de sus vinos siguiendo la fórmula de crianza en barricas de roble francés. Cuenta con cinco trabajadores fijos y dependiendo de las vendimias aumentan alrededor de 16 empleados.
Comenzó en 2008 con un primer vino blanco con denominación de origen de Rueda a través de un verdejo. Pero una vez en su propia bodega, en la cosecha 2009, se centró en los tintos de crianza en la denominación de origen Ribera del Duero.
Hasta el momento, el cien por cien de su producción se distribuye y comercializa por todas las provincias españolas, sin necesidad de acudir a las exportaciones.
Tiene previsto sacar al mercado el próximo año 2014 una producción de 130.000 botellas de vino crianza 2011, añadiendo a esto unas perspectivas de futuro de mantener la producción durante un par de años o tres y paulatinamente ir subiendo la producción.
Tomás quiere que su bodega crezca, pero sin rapidez; poco a poco, controlando la produccion y sobre todo la calidad de las materias primas. De momento, se encuentra muy satisfecho con todo el trabajo que está realizando, pero sin olvidar en ningún momento aspiraciones de futuro.
Este empresario también tiene en mente otros proyectos como la ilusión de poder hacer un vino tinto segoviano, de Bernardos, el pueblo natal de su madre. "Es un pueblo muy interesante para hacer vinos tintos por la pizarra que hay en los suelos, algo especial", afirma.

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