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Miguel Oriola Mantis
La Asociación fotográfica de Segovia organiza en el mes de julio varios talleres en Palacio Quintanar, como “Workshop de Fotografía digital” por Gabriel Brau Gelabert, “Explorando el proceso creativo” por Javier Vallhonrat, “Iniciación al Colodión Húmedo” por Jesús Limárquez Salas. Miguel Oriola imparte el taller “Ilumina”, los días 26,27 y 28 de julio. Son iniciativas exclusivas para amantes de la fotografía. http://www.segoviafoto.es/
Rodrigo González Martín - Segovia | 18/07/2013
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  Miguel Oriola. Sin título. Serie Mantis, #8 (2009). 128 x 86 cms.

El pasado marzo la Asociación fotográfica segoviana (AFS) homenajeaba a Miguel Oriola con el Premio Socio de Honor CDI, ampliando el reconocimiento a su obra que iniciara la Real Sociedad Fotográfica y otras instituciones, para insistir que Oriola forma parte de nuestra galería de fotógrafos ilustres, de artistas memorables contemporáneos. En palabras de Antonio Molinero, se trata de una de las figuras más carismáticas e inclasificables del gremio, definible como un niño terrible, o mejor aún, como un francotirador nato. En suma, he aquí un artista que “concibe la fotografía como un acto de fe, como una pura autobiografía. Tan espeluznante como refrescante en el panorama de la fotografía española”.
Se suele decir y con certeza que Miguel Oriola agota la lista de calificativos que identifican al fotógrafo situado en diálogo con el arte, con el cine, con el pensamiento. Fotógrafo de moda y documentales, las revistas del glamour y las editoriales se lo rifan, pero su obra se opone a la elegancia o al formalismo. Salido de la vanguardia de los 70, de la acción y del performance, ha hecho fotografía publicitaria y de moda, pero ante todo Oriola imagina, piensa y plantea la fotografía de manera tan personal y arriesgada que le ha permitido crear su propio y diferenciado lenguaje expresivo y un mundo simbólico muy reconocible. “Siempre escenifico. Yo no capto el momento. La foto es artificio, y lo aplico con todas sus consecuencias”, nos suele decir insistentemente en sus reveladores textos llamados “Reflexiones” de 2006 y 2007 y en sus cursos y talleres. La obra de Oriola representa un soberano empeño de liberar a la fotografía de la carga de ser “fiel reflejo de la realidad”. Por ello Oriola es un documentalista de la memoria, sus imágenes son construidas desde la reflexión y no captadas al paso, nadie es cogido al instante. “La fotografía queda esencialmente infiel y transgresora. No tiene códigos ni reglas. Es esquiva y multiforme, a veces incomprensible, fugaz y desequilibrada, como la existencia. Hoy los fotógrafos nos hablan desde la memoria, a veces con los ojos cerrados y en susurros. La fotografía es hoy el arte. Y como el arte, libre”. Todo un manifiesto y una declaración!
En la obra de Oriola la realidad no es solo eso que ven nuestros ojos. La realidad es también lo que ocurre en nuestra mente, la sinapsis cerebral es un hecho físico tan real como cualquier experiencia cotidiana. Desde su primera serie “Pensat y fet” (1975-78) a las series “Fauna”, “Continuum”, “Insomnia” (2008), pasando por “Bestiario” (1987), “Antrophology” (1989-91), “Veep Typology” (2003), entre tantas otras series potentes y desconcertantes, vemos imágenes realistas sin certificado alguno de autenticidad, imágenes verdaderas sin criterio de verismo. En todas ellas la imagen nos remite a una realidad más profunda que son los sentimientos y las emociones. En series como “El bosque de Ruthefort” (2005), “American Night (2007), “Estigia” (2008), “Humanitas” (2009), nos enfrentamos a fotos realistas y creíbles que han pasado por el ordenador para crear el misterio, discurso y reflexión para explorar cuestiones relativas a nosotros mismos, en diálogo con la obra de C. Sherman, J. Wall. A, Gursky, T. Deaman.
“Considero mi obra una reflexión sobre la condición humana. Simulacros de realidad que lejos de responder cuestiones plantean nuevas preguntas. Toda representación es un simulacro”.
El proyecto “Mantis”, del que podemos ver en Palacio Quintanar diez obras, realizado en el año 2009, sigue la constante de los trabajos de Oriola; la descripción y representación del ser humano. Esta vez se trata de una forma aún más sintética y a la vez clásica, retratos más allá de todo género. La piel de los cuerpos y rostros femeninos de Mantis se erige y despliega como una proclama que expresa la violencia que las miradas no esconden, y las consecuencias de tristeza, miedo, ira, fragilidad, desconfianza, incertidumbre y desprecio. En este sentido, “Mantis” es una continuación lógica de las líneas de trabajo de Oriola desarrollada en los últimos años. La figura humana es el eje central, tratada con la máxima austeridad y sencillez. El rostro, sin aditamentos ni fondos, solo envuelto en una extrema sobriedad y sinceridad, la fuerza de su luz como guía y como denuncia. Se reincide en la idea y el hecho social de la violencia, tan torpemente insistente. Oriola trata la violencia a veces directamente (“Unsolved Cases”, “Victims”, “Evidence Museum”) y otras de manera que transmite una sensación de desasosiego a través del tratamiento de la luz (“American Night” o “Mantis”). Y como las cosas nunca son lo que parecen en la obra de Miguel Oriola, no es de extrañar que este proyecto estuviera censurado en la Comunidad de Madrid.
La fotografía esconde más que muestra, nada sabemos de lo que está antes o después de la escena, la fotografía es una ficción o artificio, impacto y denuncia, lo contrario al fotoperiodismo. “Creo que solo la fantasía puede salvarnos”, pero también retarnos y comprometernos en el relato.
“Como en toda mi obra el elemento central es el ser humano enfrentado a sus eternos problemas de identidad, miedos, y demás bagatelas que hacen de la existencia algo inexplicable” (2006). Síntesis perfecta de la obra de Oriola que nos permite soportar las miradas de las obras expuestas en el Palacio Quintanar, a pesar de tantas carencias expositivas, que habrá que superar con urgencia.

Esta noticia se puede leer al completo en la edición impresa de El Adelantado de Segovia y en Kiosko y Más.

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