Pilar Adón, junto a Ignacio Sanz, ayer al comienzo de la Tertulia de los Martes en la sala Caja Segovia. / Juan Martín.
“Es como de verdad soy feliz”. Así define la escritora Pilar Adón (Madrid, 1971) lo que para ella significa el oficio de escribir. “No entiendo a los escritores que dicen que sufren, para mí es placentero, lo más divertido del mundo”. Por el contrario, cuando no escribe “me siento mal, a nivel incluso físico”, confiesa.
Adón estuvo ayer en la Tertulia de los Martes, que patrocina la Obra Social y Cultural de Caja Segovia y dirige el escritor Ignacio Sanz. Es autora de los libros de relatos ‘El mes más cruel’ y ‘Viajes inocentes’, de las novelas ‘Las hijas de Sara’ y ‘El hombre de espaldas’, y de los poemarios ‘La hija del cazador’ y ‘Con nubes y animales y fantasmas’. Además tiene un blog — ‘Leo en el oceano’— es traductora del inglés y trabaja en una editorial.
Antes de su intervención en esta tertulia literaria, habló con EL ADELANTADO de sus impresiones sobre el panorama literario, la evolución de la industria editorial y de su vocación y obra.
“Empecé a escribir desde muy pequeña, siempre me gustó leer, era poco sociable y me quedaba en casa con un libro. Al final, una cosa lleva a la otra”, dice. Admite que tuvo suerte al ganar un premio literario cuando era muy joven, con 18 años, y que su primera novela también fue galardonada y publicada. Así conoció a su agente y empezó a dedicarse a la literatura de una forma más profesional.
“Siempre digo que lo normal es dedicarte a lo que te gusta”, señala y explica que, buena estudiante, acabó la carrera de Derecho y llegó a trabajar en un banco. “Pero duré quince días. Al final sale lo que llevas dentro”.
Sobre la temática de su obra cuenta Adón que “se dice que los autores escribimos siempre sobre lo mismo, que hay un tema central; en mi caso es el miedo, el aislamiento”. Es una interpretación que ha hecho a posteriori, “con cuarenta años puedes echar una mirada hacia atrás y descubres que los relatos, novelas, incluso la poesía hablan de gente que se aísla porque no quiere enfrentarse a los demás, por miedo a lo que viene de fuera”. El resultado, al final, es el contrario del deseado, porque el aislamiento alimenta el miedo.
Se muestra de acuerdo en que el mundo editorial pasa por momentos difíciles: la crisis, los derechos de autor, la llegada del ebook o libro digital... Pero sostiene que “hay que echarle imaginación, dedicarle horas y... siempre sale”.
“No me puedo quejar”, reconoce cuando cuenta que al trabajar en una editorial está muy en contacto con otros ámbitos de este mundo: editores, libreros, distribuidores... Una visión bastante global que le lleva a decir que la situación “siempre asusta, que por ejemplo el problema de la piratería es importante porque lo que nos corresponde de los derechos de autor a los escritores es ya mínimo”.
Sin embargo, aunque es un asunto complejo, considera que el libro electrónico “si se sabe enfocar y se consigue controlar de una manera adecuada puede ser enriquecedor”. Ella dice que le agrada, le resulta cómodo.
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