Cristina Grifo y Valdim Gladkov, en un momento del concierto celebrado en la Casa de las Flores. / Alberto Benavente
Intérpretes: Cristina Grifo, violín. Valdim Gladkov, piano.
Obras de: J. S. Bach, J. Brahms, L. v. Beethoven, W. A. Mozart y M. Ravel.
Fecha: Domingo 16 de Octubre de 2011.
Lugar: Casa de las Flores del Palacio Real de La Granja.
Organiza: Patrimonio Nacional.
Colabora: Fundación Albéniz.
Patrocina: Fundación Prosegur.
Cristina Grifo al violín y Vladim Gadkov al piano nos ofrecieron un gran concierto basándose en las tres B y, como si fuera poco, nos dejaron un alegre rondó de la serenata Haffner de Mozart y la Tzigane de Ravel.
Cristina Grifo es una violinista sólida, de muy buena formación, que ha asimilado convenientemente y que le hace desplegar una gran técnica para dejarnos un sonido claro y limpio, con un impecable conocimiento de las obras.
De J. S. Bach nos ofrecieron la primera de las sonatas del grupo de obras que van del BWV 1001 al 1006, compuesto por tres sonatas y tres partitas para violín solo. Son obras, que como bien decía Álvaro Guibert, trascienden desde la propia construcción melódica y no por el sentimiento externo que despiertan como podría ser el religioso, amoroso u otro. Son obras que se construyen apoyándose en ciertos recursos del oído humano para llegar a dar sentido de polifonía, recordando temas ya escuchados que se alimentan durante el pasaje de la obra y ayudados por efectos como el de la doble cuerda, glisandos, etc…, que ya conocía el maestro.
De todo el concierto habría que destacar la sonata para violín y piano nº2 de Johannes Brahms, es una obra de pasión romántica que, lejos de excesos amorosos, plantea una atmósfera tranquila y llena de emoción lírica, música de salón, pero salón profundo como decía Álvaro Guibert. La interpretación estuvo llena de fuerza romántica.
La romanza segunda para violín y orquesta, aquí adaptada a violín y piano, de Beethoven, es una obra tranquila, adagio cantabile.
El rondó de la serenata Haffner es una obra alegre que incita a la danza, la alegría y facilidad para la melodía contrasta vivamente con la atmósfera romántica de los dos compositores anteriores, es un indispensable complemento a las tres Bes, un genio siempre agradable.
La obra que cerraba el programa era la Tzigane de Maurice Ravel, obra que es una antología de recursos sonoros para el violín y donde la magistral dedicación de los gitanos de Hungría al instrumento ha dejado estas piezas desbordadas de exhibiciones en las cuerdas, con unos bellos ejemplos de la riqueza de la sonoridad de la cuerda más grave tan bien manejada por Cristina Grifo.
El acompañamiento de Gladkov al piano fue importante en la sonata brahmsiana, porque así lo requiere la obra, Brahms era un gran pianista y aquí se nota. En el resto del programa su papel fue más reducido, pero no por ello llevado a cabo con menos profesionalidad, se trata de un gran pianista. Muy bien, una vez más, por parte de la Escuela Superior de Música Reina Sofía.