El comisario de la exposición en el Museo Rodera Robles./KAMARERO
El Museo Rodera Robles dedica sus salas de exposiciones temporales a dar a conocer y poner en valor la obra del ceramista segoviano Gregorio Arnanz Rodríguez (1886-1961) discípulo predilecto de Daniel Zuloaga y maestro de ceramistas y obreros de la fábrica La Segoviana
La muestra “Gregorio Arnanz Rodríguez. Ceramista (1886-1961) que ha sido presentada esta mañana a los medios de comunicación reúne una colección de cerámicas, pinturas, dibujos, fotografías, documentos y objetos, hasta un total de 109 manifestaciones catalogadas.
El secretario de la exposición e hijo del ceramista, Carlos Arnanz Ruiz, ha expuesto la estrecha relación que existió entre Daniel Zuloaga y quien él consideró su discípulo predilecto. Una relación que sobrepasa la amistad y el oficio y cuya fuerza queda manifiesta en 17 cartas de la correspondencia que intercambiaron.
Gregorio Arnanz Rodríguez nació el 14 de agosto de 1886 en Segovia y murió, también en Segovia, el 19 de mayo de 1961. Se conmemora, por lo tanto, el 125 aniversario de su nacimiento y el 50 de su muerte. Con 10 años se matriculó en la Escuela de Dibujo de Segovia, participando en el curso académico de 1896-97. No volvió al curso siguiente, sino que se incorporó al escogido grupo de operarios que colaboraban con Daniel Zuloaga en el laboratorio de la fábrica de loza “La Segoviana”. El ilistre ceramista, que ya contaba con 45 años de edad, no solo le prodigó su afecto y amistad, sino que le conceptuó como su discípulo predilecto.
En 1906 Daniel Zuloaga abandonó “La Segoviana” y se trasladó a Pasajes de San Juan. El mismo año, Gregorio Arnanz se trasladó a Madrid para preparar oposición al cuerpo de Telégrafos, aunque no abandonó su actividad artísticas.
En 1912 Gregorio Arnanz se incorporó a “La Segoviana”, alternando su actividad de ceramista con la de oficial del Cuerpo de Telégrafos.
El secretario de la Fundación Rodera-Robles, Rafael Cantalejo, indicó que esta muestra cumple el objetivo al que están dedicadas la salas de exposiciones temporales de dar protagonismo a “quienes no pudieron estar en la primera línea” de la cultura por falta de recursos pero que “llenaron la vida cultural y social de la ciudad en los siglos XIX y XX” y forman parte de la esencia de Segovia.