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La discusión por una cuestión banal, un desayuno que no agradó a un interno del Centro Penitenciario de Segovia, tuvo un desenlace trágico en octubre de 2009, la muerte de otro preso que, según el relato del fiscal y del abogado de la familia de la víctima, solo intervino para separar a quienes se habían enzarzado en una pelea.
Ayer comenzó en la Audiencia Provincial el juicio oral, con jurado popular, contra A. S. F. , un joven interno del Centro Penitenciario de Segovia que se enfrenta a una pena de hasta 16 años de prisión, acusado de asesinato por el letrado de la acusación Particular, que defiende los intereses de la madre y la hija de la víctima.
Por su parte, la fiscal le considera responable de un homicidio y solicita una pena de 12 años de prisión, mientras el abogado que le defiende califica de homicidio por imprudencia los hechos y por ello estima que debe ser condenado a un año de cárcel. El propio acusado declaró ayer en el juicio que fue una cuestión de “mala suerte”, aunque sí reconoció que pegó un puñetazo al interno fallecido.
Siguiendo el relato de las acusaciones, sobre las 9,30 horas del 26 de octubre de 2009, el acusado, interno en uno de los módulos del Centro Penitenciario de Segovia, se encontraba en la sala de desayuno cuando observó que se estaba produciendo una reyerta entre dos presos que ya habían tenido una discusión el día anterior porque uno de ellos había tirado la bandeja de la comida al suelo, al parecer descontento con su contenido, y el otro le recriminó porque era el encargado de mantener limpio el lugar. Al reproducirse la situación se originó una pelea y el consiguiente tumulto entre los internos que se encontraban allí en ese momento.
Durante el transcurso de la pelea, la víctima, que era el compañero de celda de uno de los implicados, “y al que siempre intentaba calmar porque puede calificarse de persona problemática o irascible”, según la fiscal, intervino para separarles. Fue entonces cuando el acusado le atacó con un calcetín que tenía en su interior una pelota de frontenis, usándolo a modo de honda y luego le propinó un puñetazo, lo que motivó que cayera de espaldas al suelo, donde quedó sin sentido, sostiene la representante del ministerio público. El agredido fue trasladado a un hospital donde falleció al día siguiente por hipertensión craneal y edema cerebral.
El letrado de la asucación particular, además de hacer un perfil de la víctima, presentándole como una persona joven, tenía 37 años, que había cometido algunos delitos de robo a consecuencia de “diferentes adicciones, como ocurre en muchas familias”, insistió en que fue objeto de “una agresión directa, evidente, clara y querida por parte del acusado”, y justifica la calificación de asesinato porque estima que A.S.F. empleó los medios necesarios para asegurar el resultado de muerte.
El abogado del acusado señaló que desde el primer momento éste ha mostrado arrepentimiento y ha reconocido que pegó un puñetazo a la víctima, quien, como consecuencia “de este hecho desafortunado, cayó y se dio con la cabeza en el suelo”.
Por ese motivo alega que fue una fatalidad y su defendido debe ser castigado pero solo por actuar de una manera imprudente.
A.S.F. contó en la vista su versión de los hechos, negando que utilizara el calcetín con la pelota de frontenis, objeto que dijo pertenecía a uno de los internos que inició la pelea. Sí reconoció la agresión pero con estas palabras: “Vino J., que en paz descanse, el pobre y yo también fui a separarles y le di una ‘piña’ en la cara, con tan mala suerte que se cayó y se dio un golpe”. El acusado sostuvo que no tenía enemistad con el fallecido y que en ningún momento pretendía que ocurriera algo así, porque en la fecha del suceso únicamente le restaban nueve meses para salir de prisión.
La fiscal y el abogado de la acusación particular le hicieron notar algunas contradicciones respecto a su declaración a la Policía tres días después de la agresión pero él, sollozando, contestó que “en la prisión me estaban presionando, diciendo cosas que no eran”.
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