El concierto de Preciados fue de menos a más, con un final magnífico. / Juan Martín
En medio de la crisis que no solamente socava nuestros bolsillos, sino también nuestro ánimo, cualquier soplo de aire fresco, por insignificante que parezca, se transforma en un pequeño huracán que por unos instantes nos devuelve la esperanza en que algo puede cambiar. La música no es ajena a este devenir vital y en la noche del jueves, el Teatro Juan Bravo nos ofreció uno de esos momentos de la mano de cuatro chavales con ganas de hacer buena música.
Con apenas dos años de carrera y un pequeño espaldarazo mediático al poner música a la pasada edición de la Vuelta a España, a primera vista Preciados parece un grupo más de esos orientados a conseguir el éxito fácil, al estilo de otros muchos que en poco tiempo consiguen los primeros lugares en las listas de éxitos a base de exprimir fórmulas de escasa calidad y de fácil consumo. Son jóvenes, de buena presencia -a tenor de la admiración que causaron en las jovencitas que asistieron al concierto- y con una forma de entender la música semejante en muchos conceptos a otros de los grupos que lideran las preferencias de lo que algunos se empeñan en denominar “el gran público”.
Afortunadamente, detrás de Preciados hay algo más. Tras su bien estudiada apariencia, el cuarteto esconde un grupo de magníficos músicos capaces de leer e interpretar con algo más que corrección la música de la que dicen beber. Son guitarras contundentes pero sin estridencias, en las que se pueden apreciar con nitidez influencias setenteras, algunas más visibles que otras, pero todas ellas mezcladas con gusto y sobre todo con interés en marcar un estilo propio.
Llama la atención sobre todo sus voces, perfectamente combinadas como en su día lo hicieron grupos como Crosby, Stills, Nash and Young o en España los míticos Cánovas, Rodrigo, Adolfo y Guzmán; algo muy de agradecer sobre todo en esta época en la que triunfan cantantes y grupos a quienes difícilmente se les entienden cuando cantan, con independencia de la calidad o no de las letras que interpreten. (quien quiera escuchar un ejemplo: “Peter pan”, de Dani Martín).
En directo, Preciados fueron de menos a más en su actuación segoviana, marcada en su inicio por un patio de butacas que finalmente decidió abandonar la comodidad de su localidad para entregarse al concierto e incluso poder disfrutar de una canción “sin micrófonos”, con los cuatro músicos sentados en el proscenio.
A medida que fueron avanzando, incrementaron su relación con el público hasta que consiguieron metérselo en el bolsillo a base únicamente de buena música.
Confiamos en que las buenas sensaciones que este grupo transmite no se vean laminadas por las corrientes del mercado, y acaben ingresando en la nómina de grupos apreciados no sólo por el éxito, sino por los paladares más exquisitos. Si la evolución es buena, pronto abandonarán sonidos fáciles, letras previsibles y lugares comunes para pulir un estilo que les acercará a una carrera perdurable.
FICHA:
Preciados
Ciclo Acústicos
Sergio Jiménez, guitarra y voz
Miguel Iglesias, guitarra y voz
Héctor Navío, bajo
Alejandro Riquelme, batería.
Teatro Juan Bravo
Jueves, 27 de enero de 2011