Una de las herramientas utilizadas para cometer el delito fue el programa de mensajes instantáneos Messenger. / Juan Martín
Siguiendo el relato de la fiscal, R. A., natural de Cantabria y de 23 años en la actualidad, contactó en el año 2007 con la víctima, la joven N. G., quien entonces residía en Segovia, a través de Badoo, una red social de internet. Posteriormente intercambiaron sus cuentas de correo para ‘chatear’ utilizando el programa de mensajería instantánea Messenger.
Así fue como en el mes de abril de ese año, mientras ambos conversaban a través del chat conectaron las webcam (cámaras que recogen imagen real en la pantalla del programa de mensajería instantánea) y la joven se desnudó, según reconoció ayer la víctima en el juicio con jurado que se sigue en la Audiencia Provincial de Segovia contra R. A. por un presunto delito de amenazas condicionales.
Pero, en la siguiente ocasión en la que ambos coincidieron en Messenger, él aseguró que había obtenido fotografías de la grabación de la webcam, sin el consentimiento de la joven, y que iba a utilizarlarlas si ella no accedía a sus peticiones, según sostiene la acusación pública. La víctima contó que, además, para que comprobara que lo que decía era cierto, el joven la envió un archivo con las fotografías.
Posteriormente recibió dos correos amenazantes. En el primero, que fue leído en la vista, el presunto delincuente explica que ambos van a hacer “algo más divertido que el que yo mande y tú obedezcas” y añade una serie de “misiones”, como que fuera su amigo y accediera a mantener sesiones de cibersexo con él, que le remitiera periódicamente por correo electrónico fotografías, tanto desnuda como vestida, y que, cuando ella viajase a Cantabria, tenían que quedar en persona para mantener relaciones sexuales y hacerle fotografías.
En este correo el remitente amenazaba con publicar las fotografías en las que ella aparece desnuda en al menos cuatro páginas web de internet. En un segundo, al no recibir respuesta de la chica, le comunica de que va a construir una página web para mostrar las fotografías.
La joven presentó una denuncia en la Comisaría de Policía Nacional de Segovia el 11 de abril de 2007, que amplió en mayo aportando documentación y datos como el teléfono móvil del acusado y las fotografías que él tenía en su perfil de Badoo.
A preguntas de la fiscal, la denunciante afirmó en la vista oral que el acusado es el joven que la amenazó en 2007 y dijo que llegó a verle la cara a través de la webcam en alguna ocasión en la que chatearon.
Reconoció también que retiró la denuncia un mes después, al no tener más noticias del joven ni constancia de que éste había cumplido sus amenazas.
La teoría del pirata informático.- Si algo quedó patente ayer en el juicio que se celebró en la sala de vistas del Palacio de Justicia de Segovia es que al abordar delitos cometidos con ayuda o a través de las nuevas tecnologías, de gran complejidad, los integrantes de las fuerzas de seguridad del estado, al menos en la provincia, no cuentan con conocimientos elevados sobre las mismas ni medios suficientes para abordar una investigación exhaustiva.
De hecho, el abogado que defiende al joven acusado de amenazar con publicar en internet fotografías de desnudos, llegó a decir que “la investigación policial de los hechos se podía haber hecho con más rigor”.
Esto se debe a que el acusado sostiene la teoría de que su ordenador personal fue atacado por un hacker o pirata informático, que tuvo acceso tanto a sus cuentas de correo como a otros datos personales. Incluso declaró que antes de tener conocimiento de la denuncia presentada por la víctima de las amenazas envió un correo electrónico al grupo de delitos telemáticos de la Guardia Civil porque había advertido que en una de sus cuentas de correo electrónico había contactos que él no había agregado, así como datos de índole personal y fotografías de las que no tenía conocimiento previo. Sin embargo, desde el citado cuerpo le informaron de que esa comunicación no tenía validez legal y que si quería presentar denuncia tenía que hacerlo en persona, algo que no hizo.
Por otro lado, el abogado se pregunta por qué la Policía comprobó las conexiones a internet realizadas desde el ordenador de su defendido en fechas posteriores a la denuncia presentada por la víctima y no los días en los que supuestamente se habían realizado las fotografías y se habían enviado los correos electrónicos amenazadores.
Otras posibles lagunas en la investigación son que nadie solicitó a la denunciante los archivos con las fotografías que supuestamente el acusado la remitió en un correo electrónico, ni se comprobaron las conversaciones mantenidas en el chat o la dirección del remitente de los correos amenazadores que ella aportó como prueba en la denuncia.