Esteban Vicente. Sin título 1966. Carboncillo sobre papel. 58,4 x 73,7 cms
No es mala idea a la vuelta de vacaciones y como sutil estrategia de readaptación recurrir al arte para encontrar un entorno de reubicación de la memoria cotidiana. La propuesta del arte como sillón en el que descansar que nos hacía Matisse allá por 1908, es una buena justificación. Aún encontramos abierta la exposición "Dibujos 1920-2000 de Esteban Vicente" en su Museo de Arte Contemporáneo de Segovia. Tan a la mano.
La exposición es un recorrido cronológico en 123 obras por la obra dibujística de Esteban Vicente, el museo de Segovia aporta 32 dibujos de su colección permanente. Las 91 obras restantes provienen de diferentes colecciones públicas y privadas nacionales e internacionales, siendo más del cincuenta por ciento de ellas inéditas y el resto han sido raramente expuestas. Es una oportunidad única para ver estas obras que raramente se enseñan y se exponen por tan largo tiempo. Amén de la fragilidad del papel, aún se sigue pensando que el dibujo es una herramienta privada del artista y un ensayo preparatorio de obras mayores, que debe reservarse de miradas públicas como si de una experiencia íntima se tratase en el proceso de creación. Afortunadamente, podemos desmentir estos prejuicios.
La exposición ha servido de oportunidad para publicar un cuidado catálogo en el que se incluye un estudio monográfico sobre el dibujo en Esteban Vicente, que el Museo ha encargado al profesor Alfonso Palacio, de la Universidad de Oviedo, como investigación, inaugurando una nueva vía en los estudios acerca de la figura de Esteban Vicente.
En su ambiciosa y exigente obra en pinturas, collages, esculturas, el dibujo para Esteban Vicente alcanza una práctica artística autónoma en su ejecución y significativa en el mismo proceso creativo. Aunque la obra de Esteban Vicente solemos identificarla y con razón con la mancha y el color, no deberíamos olvidar la enorme importancia y atención que en su devenir tienen la línea y el dibujo. De forma muy privilegiada acompañamos al artista en este proceso de formación, de indagación, de personalidad, en fin, de identidad artística.
El dibujo vertebra la evolución de su producción desde los años de formación en España y Francia, a los dificultosos años 40, hasta finalmente su obra plenamente madura asimilada al Expresionismo Abstracto de la Escuela de Nueva York desde los años 50 hasta el 2000.
Sin duda que el dibujo confía en la forma, refuerza la composición y alienta el espacio. Así encuentra el artista una urdimbre técnica y conceptual sobre la cual representar futuras vivencias y emociones. Pareciera que a Esteban Vicente el dibujo le aportara esa necesaria síntesis de razón a la pasión de sus pinturas. Síntesis de mancha y línea, de óleo y carbón, de color y negro, que ahora da mayor valor y riqueza a su obra total.
La línea delimita, analiza, conforma, describe, hasta que desvela el hueco, el agujero, la ruptura, que oculta la apariencia de las sensaciones, con frecuencia torpes y precipitadas, y por la que aparece la luz, que desde dentro hace comprensible el dato, la composición. Tal vez la luz que nos seduce en los paisajes interiores de sus pinturas al óleo, encuentre su génesis en los dibujos. Por ello el dibujo le permite indagar con precisión en la realidad. En ellos la luz no ilumina, sino que identifica. La línea direcciona y da sentido, la luz contrasta y engendra tensión.
En el dibujo se percibe la forma como esencia. Esteban Vicente solía decir en sus clases de dibujo que "el pintor ve dibujando".
En sus diálogos con el cubismo llega a una contundente evidencia: la línea ya no ocupa el espacio y cierra el objeto, sino que libera la forma. Es el paso de la llamada Escuela de París a la Escuela de Nueva York.
Descubrimos en Esteban Vicente la misma polémica que mantuviera J. Pollock, entre otros, con Picasso, con el cubismo. Es la superación del dibujo como cierre de la realidad objetiva, que generaba una estructura, por dibujo como apertura de la realidad subjetiva, que descubre la obra como sistema.
Esteban Vicente no era un especial teórico, pero su intuición genial y el contexto en que vivía le aproximaban a las polémicas de la fenonemología (M. Merleau-Ponty, G. Bachelard, P. Ricoeur) que tanto influjo tuvieron en el arte americano de los 50 y 60. También en Esteban Vicente se trataba no tanto de dibujar la forma de las cosas, sino el carácter de la percepción formal. Los dibujos que vemos en la exposición nos ilustran el tránsito de la "cosa material", a la "cosa plástica".El quehacer persistente en el dibujo de Esteban Vicente es un buen ejemplo del proceso de desmaterialización del arte contemporáneo. En 1930 dibuja una forma elegante, en los 40 será convulsa y conflictiva, a partir de los 50 emerge la forma plástica hasta el final de sus días, dibujo puro, como etapa más brillante y memorable de su obra. Así vemos en las distintas etapas de la exposición cómo investiga y experimenta la línea como forma en todas sus posibilidades. Tamaña tarea no es de extrañar que le llevara toda una vida.
Dibujar es encontrar la idea, pensar de forma plástica pura. Dibujar es filosofar. Nunca olvidará la gran lección descubierta en su relación con la generación del 27 en Madrid, la pintura es una forma de poesía.
Aunque la creación en Esteban Vicente se desenvuelve en buena parte de su obra en la abstracción, nunca olvidará la realidad, incluso la naturaleza. La geometría se aúna con lo orgánico, lo abstracto con lo emocional, la esencia con el paisaje. El dibujo con la escultura.
Sin duda que en la exposición de dibujos también podemos descubrir ese talante humano, incluso humanista de la aventura artística de Esteban Vicente. Lejos de los impulsos y automatismos de otros, tan en boga en sus días, el dibujo en Esteban Vicente siempre aporta ese momento de limpieza, de depuración, de esencia, de racionalidad serena que nos empatiza con su obra.
El artista.- Esteban Vicente Pérez, nace en Turégano (Segovia) en 1903. Muere en 2001 en su casa de Bridgehampton (Long Island).
La exposición inédita está formada por 123 obras. 80 años de dibujos, de investigaciones.
La exposición se organiza cronológicamente en tres grandes periodos:
1. De 1920 a 1936. Años de formación en España y Francia. Representa una modernidad firme y elegante.
2. Años 40. Período convulso, de búsqueda, vuelta a un realismo maduro centrado en el paisaje y en la figura humana.
3. Años 50 hasta el 2000. Madurez creativa vinculada al Expresionismo Abstracto de la Escuela de Nueva York. Dibujo esencial.