Desde Dentro. Tiempo. Fotografía. 125 x 125 cms.
“La violencia contra la mujer es quizás la más vergonzosa violación de los derechos humanos. No conoce límites geográficos, culturales o de riquezas. Mientras continúe, no podremos afirmar que hemos realmente avanzado hacia la igualdad, el desarrollo y la paz.” (Kofi Annan, Secretario General de las Naciones Unidas. 1993)
Es preocupante recordar las palabras del anterior Secretario General de la ONU, pronunciadas en 1993 con motivo de la aprobación de la Declaración sobre la eliminación de la violencia contra la mujer. Preocupante hoy cuando las estadísticas y la información vienen a demostrar tozudamente que realidad impone día a día su cuota de dramatismo e injusticia, de barbarie y de desigualdad.
Esta iniciativa, que produce la Dirección General de la Mujer de la Consejería de Familia e Igualdad de Oportunidades de la Junta de Castilla y León, aprovecha el trabajo del grupo “Desde Dentro” que con palabras e imágenes trata de ponernos delante de las distintas situaciones de violencia física y simbólica contra las mujeres, ahondando en los incumplimientos de los derechos humanos más básicos de dignidad e igualdad. Esta exposición está enmarcada dentro de las actuaciones de la Red de Municipios sin violencia de género.
Especial relevancia tiene el nombre de la exposición “Desde dentro”, ya que aborda el problema desde el protagonismo triste pero real y reivindicativo de la personas que sufren la violencia y desde las vivencias “que las víctimas sienten en su interior”. Las imágenes y las palabras son directas, escuetas y precisas y apelan a quien las ve y las lee sin ambigüedades ni retóricas. Las personas, no las víctimas, nos hablan de tú a tú, a los ojos. En cada imagen las personas centran el relato de su experiencia biográfica y con una exhaustiva documentación, extraída de cientos de testimonios personales, los textos de Charo Corbacho prestan su reflexión personal y su voz a las mujeres, tratando de reunir todas las formas de violencia de este siniestro catálogo de horrores.
No representan culpa alguna, pero sí que exigen sensibilidad, conciencia y, sobre todo, acción, responsabilidad y justicia. Nadie en este cara a cara se puede sentir ajeno por razones sociales, económicas, ideológicas, religiosas, de clase… la apelación al género es envolvente y universal. Todos somos todas. No se trata de describir una situación más de la compleja y desigual sociedad global que vivimos, como otras veces no nos bastan los meros y fríos datos. Se trata de actuar aquí y ahora.
La exposición es altamente implicativa, por eso es relevante el sentido apelativo de la mirada. No miremos las fotografías con silencioso y cómplice distanciamiento. No nos refugiemos en valoraciones estéticas justificativas de la indolencia. También ahora el arte que las fotografías aportan sin duda alguna, no debe desviarnos de la reivindicación, una vez más, de que la ética y la estética van de la mano.
Cada una de las 17 imágenes lleva otros tantos títulos que recrean la situación en la que cada víctima es maltratada: miedos, suicidio, palabra, dependencia, soledad, ceguera, frontera, recuerdo, trata, hijos, gritos, pobreza, abusos…entre otras. No creemos que nadie eche en falta violencia alguna, ya hay demasiadas.
Las imágenes, insistentes en formato y en recursos expresivos, para no provocar distracciones, sin sangre, ni golpes, ni evidencias físicas de violencia, que redunden en mensajes morbosos y superfluos tan frecuentes y banales, centran nuestra mirada crítica porque “lo que se quiere es crear un símbolo”, según Charo Corbacho, que sensibilice a las personas visitantes, y las lleve a asumir su compromiso de ciudadanos iguales. Para nada la exposición escandaliza, no se trata de añadir más violencia ni más justificaciones. Toda la dureza y violencia descubiertas proceden de la realidad que nos rodea, no de las imágenes y los textos que en este caso pretenden ofrecernos una reflexión tan serena como contundente, tan crítica como denunciadora, tan bella, sí tan bella, comprometida.
Se trata, dice un testimonio, de romper “el tiempo de los abusos que sufrimos las mujeres a manos de los hombres. En el mundo más mujeres han sufrido minusvalías y muerte a causa de la violencia de género que por el cáncer y los accidentes de tráfico. Creo que ya es hora de terminar con este estado de cosas, el tiempo que se rompe es tiempo pasado y perdido. Saludemos a una nueva era de igualdad en la que las mujeres no sufran más violencia”.
De nosotros, especialmente hombres, de todos nosotros depende.
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