Ana Bravo nos enseña una variada muestra de sus pinturas en la Galería Garajarte de S. Ildefonso. Y casi se disculpa por ello, por la tardanza y el miedo a mostrar en solitaria su obra. Tan atrevida y amiga de retos en el taller, en el quehacer privado, confiesa que se atreve a exponer cuando la obra ya está madura y consistente para ser vista. Con cierta ironía confiesa que hay muchas formas de "salir del armario", a ella ahora le ha llegado el momento con su pintura.
Ha pintado y mucho para ella, pero sabemos muy bien que siempre se pinta, se escribe, se poetiza, se crea, para alguien, antes incluso que para algo. Pero no siempre se encuentra el momento adecuado de que el público aparezca. El momento de la recepción de un mensaje tiene casi siempre una parte de sorpresa, de azar y de imprevisión.
Ana Bravo nos enseña un muestrario de sus obras. Vemos bodegones consistentes, paisajes azules llenos de fantasías y de nieblas, composiciones florales detalladas y compuestas con equilibrio, extraños bodegones de telas a veces ordenadas y otras revueltas y finalmente un par de obras mayores en diálogo con grandes autores, en este caso con Vermeer y con Miguel Ángel. Nada menos.
Nos confiesa que la obra que expone empieza a ser superada, sin presiones, sin prisas, sin forzar la marcha, pero su creación va adquiriendo desde las mismas obras anteriores una deriva hacia senderos imprevistos, hacia una temática más abstracta y lírica.
Tal vez Ana Bravo inicia su andadura expositiva en solitaria con un cambio de rumbo en su obra, con una ruptura sutil pero evidente. Por eso urgía enseñar lo hecho a punto de ser superado.
Hay obras que te hacen sufrir, crear no siempre es un resultado gozoso. La ideación es lenta, arriesgada, torpe. La ejecución exige entrenamiento y dedicación. Entre la idea y la mano no siempre hay facilidad y coherencia. Hay que buscar que se entiendan. Dos obras en esta exposición representan esta tarea compleja y retadora, "Vermeeriana" (2008) y "Meriso" (2009). Dos obras exigentes y comprometidas en diálogo con "La joven de la perla" de Vermeer y con "S. Juan Bautista" de Miguel Ángel. Y ambas obras nos atraen y nos sorprenden. No se trata de realizar sin más un ejercicio académico de copia de las obras maestras, reconociendo que las obras tienen fuerza en su composición y soltura en su ejecución. Sobresale el dibujo que da estructura y consistencia a la composición. Ante todo es un ejercicio de trasgresión, la joven de la perla se representa de cuerpo entero y enfundada en una airosa gabardina y Meriso, réplica del santo pionero, se acompaña de un perro y por el suelo se ven unas zapatillas de deporte. Trasgresión iconográfica que suscita un tono de ironía y de distanciamiento muy intuitivo y chispeante. Puro anacronismo, relectura de lo clásico, contaminación de los textos artísticos, resimbolización hipermoderna. Los últimos semióticos nos hablan y con mucho significado en la cultura actual de la intertextualidad. Método creativo sugerente, arriesgado, novedoso y muy fecundo, aunque no exento de retos y de cierta banalización si no se acierta en el proyecto.
Dos obras sobre telas acotan una propuesta novedosa. Telas de diferentes colores y texturas, en composiciones alternativas, telas dobladas y ordenadas, o telas desparramadas y en cierto caos intencionado. El color ordena este microcosmos textil y la textura da sensualidad a las manchas. Tal vez aparezcan en la memoria de Ana Bravo los anaqueles con los cuidados paños de la tienda del abuelo. El arte nos desvela atavismos secretos y poderosos. Ahora la luz y el color despiertan la memoria perdida. No en vano el textil viene a representar nuestra segunda piel, a veces tersa y cuidada, otras arrugada y convulsa.
Frente a semejantes retos mayores, las obras sobre flores y vegetales, "Lirios" (2008), "Daturas I" (2009), "Otoño" (2007), son un relax, una gratificación suelta y delicada. Es como descubrir el color natural y que éste actúe como sedación, como deleite.
Muestrario de proyectos unidos por un trabajo que se consolida y por un color potente y sugerente que se convierte en clave y valor de identidad de la obra de Ana Bravo, que por fin agradecemos que nos enseñe.
El artista
Ana Bravo enseña, pinta y vive en Madrid. Aunque nació en Vigo (Pontevedra), estudió Filología en la Universidad de Salamanca, donde inicia estudios de Bellas Artes, para dar salida y consistencia a su vocación pictórica desde niña.
Ha participado en varias exposiciones colectivas en distintas poblaciones de Madrid y en Toledo.
Ésta es su primera exposición individual.