El maestro, poeta y periodista segoviano Apuleyo Soto rodeado de naturaleza, elemento inspirador de su poesía / E. A.
Apuleyo Soto ha publicado más de veinte libros y miles de artículos. Sus títulos más recientes son Retablillo Mediterráneo, La poesía es una niña, Fabulillas americanas, Campo de sonetos, y A la vera del Riaza. Además, dirige en la Universidad Internacional IE, de Segovia, el curso de Las Veladas Poéticas, que ha logrado ya su IX Edición, con la presencia de las mejores voces de la Poesía española contemporánea.
Pero ahora el maestro, periodista y poeta segoviano es protagonistas por publicar sus "Cancioncillas de América", como un preciso y precioso homenaje a un viaje realizado por Bolivia, una parte de Brasil y Paraguay.
De estos países, sobre todo destaca el último. “Paraguay —dice— respira España en el lenguaje cotidiano, ambos mantienen un recogimiento mutuo del idioma”.
Todos dicen que América y España son hermanas. Soto no opina así, “más bien creo que América es hija de España”. Sudamérica necesita a España, que debe actuar como madre o como hermana, ayudando con su inversión o con préstamos sin interés.
Este libro, como conjunto de cancioncillas o poemillas, recoge las tradiciones de América, su arte (“El Barroco neocolonial”) y su riquísimo folklore. Son pequeños poemas de amor hacia los sudamericanos, aquellos que tienen un espíritu muy pegado a la tierra y eso, apunta el poeta, “les hace admirables”. Musicalidad, sentimientos, recuerdos, homenajes… todo ello escrito en forma de “pirotécnicos ejercicios poéticos”.
Los niños son el foco de su atención. Pero sin olvidarse nunca de los mayores y los maestros. Así quiere Soto que un niño aprenda la poesía: “Prefiero que un niño aprenda de memoria un poema porque ese gozo lo tendrá toda la vida. Durante la infancia se aprende todo mejor; de adulto, la memoria decrece”.
En su libro aconseja al lector que no intente comprender la poesía, pues nunca acaba de explicarse totalmente con palabras. Hay que sentirla. “El poeta que toca con el corazón, no es necesario que toque con la cabeza”, puntualiza. Siempre se trata de juegos de palabras que esconden algo detrás.
Cada uno de estos poemas es un momento de su vida, es una pisada en la tierra. Con ellos quiere decir que no le olviden y que él no olvida, “Escribo para recordar y para que me recuerden”. Su intención es que su poesía sea una copia de la realidad sin escoria, limpia y que luzca. Simplemente, que dejen una significación sencilla en el espíritu.
“El hombre es hombre porque es palabra. Los animales también sienten pero no saben expresarlo”. Con estas palabras define el poeta segoviano al ser humano, capaz de diferenciarse del resto de seres por la palabra, por el lenguaje, que es un don aprendido.
Con estos poemillas, llenos de musicalidad y mucha armonía, cualquier lector puede viajar hacia lugares mágicos, muy ricos en recursos pero, en ocasiones, olvidados por quienes tienen el poder.
“Noche Paraguaya”, “Ipacaraí”, “Cola de coatí” son algunos de los títulos de estos textos, que los expertos ya han calificado de “Conjunto hermosísimo y lleno de verdadera gracia poética” (Eloy Sánchez, profesor y poeta) o de “Libro notable e ingenioso como el autor en persona”(Emilio Pascual, Director de la Biblioteca AVREA de Cátedra).