Rafael Correa deposita su voto en Quito, donde aseguró que, si el pueblo lo apoya, continuará con la construcción de la «patria grande». / EFE
Los ciudadanos ecuatorianos acudieron ayer a las urnas en unos comicios en los que el presidente, Rafael Correa, estaría acariciando la reelección para un nuevo mandato de cuatro años, en el que ha prometido seguir con sus políticas sociales y su mano dura con las inversiones extranjeras, sobre todo las procedentes de Estados Unidos, pese a la actual crisis económica en la que también está sumido el país latinoamericano.
Un sondeo preliminar a pie de urna de la firma Santiago Pérez, contratada por el Gobierno y empresas privadas, estimó que a las 17,20 horas un 56 por ciento de la población con derecho a voto habría otorgado su apoyo a Correa, mientras que un 29 por ciento habría respaldado al ex dirigente Lucio Gutiérrez.
Siete meses después de lograr la aprobación en referendo de una Carta Magna de corte socialista por amplia mayoría, el actual mandatario y candidato a la reelección buscaba obtener su quinta victoria consecutiva en las urnas y afianzarse en el inestable país andino, donde ningún presidente logró terminar su mandato en la última década.
Desde los remotos pueblos amazónicos a las exóticas Islas Galápagos, más de 10 millones de ecuatorianos acudían a las urnas desde primera hora de la mañana para elegir a miles de cargos públicos, incluyendo mandatario, asambleístas y autoridades locales, en un Estado donde ir a votar es obligatorio.
Los sondeos mostraron en todo momento que Correa ganaría en una histórica primera vuelta, impulsado por sus multimillonarios programas sociales destinados a la mayoría pobre del país y sus agresivas negociaciones con los inversores extranjeros para obtener recursos con los que financiar hospitales, escuelas y carreteras.
«Lleva justo dos años y ha hecho bastante por la salud y educación. Necesita más tiempo», aseguró Dolores Mazón, de 45 años, propietaria de un pequeño negocio familiar en la rica ciudad porteña de Guayaquil, quien reveló que su voto sería para el presidente, devoto católico, pese a que no le gusta su carácter «explosivo».
Además, el dirigente aspira a obtener la mayoría legislativa, que le facilitaría la ejecución de los cambios constitucionales que afectarán al sector público, privado, las Fuerzas Armadas, las Cortes y los medios de comunicación.
En este par de años en el poder, Correa se ha convertido en el gobernante más poderoso de la historia reciente del país petrolero, pese a la crisis económica y las críticas de la Iglesia y ha tomado por bandera a las políticas neoliberales de las recurrentes crisis que forzaron la emigración de millones de sus compatriotas que esperan poder volver pronto a Ecuador.