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CULTURA
Pintor de la vida americana
Los directores Steven Spielberg y George Lucas unen sus colecciones de cuadros y dibujos del ilustrador y fotógrafo Norman Rockwell (1894-1978) en una exposición en Washington
EFE - WASHINGTON | 21/08/2010
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  ‘School Fight’ (‘Pelea escolar’), una de las imágenes de Norman Rockwell.

Dos de los directores que más han moldeado la imaginación de EEUU, George Lucas y Steven Spielberg, comparten una pasión coleccionista que exponen por primera vez al público: sus pinturas de Norman Rockwell, el ilustrador del «ideal americano». La muestra, ubicada en el Museo de Arte Americano Smithsonian de Washington, exhibe 57 dibujos y lienzos propiedad de ambos directores que sugieren la relación de su cine con Rockwell.
Antes de ser amigos y maestros del celuloide, Lucas y Spielberg fueron unos niños que crecieron admirando los dibujos de este artista, reconocido sobre todo por sus portadas en la revista The Saturday Evening Post, desde 1916 a 1963. Como dibujante comercial, Rockwell fraguó muchos de los iconos de EEUU en torno a temas como la infancia, el poder la imaginación, la heroicidad o los sueños americanos.
El público conectaba con su arte, pero la prensa era su vínculo con los lectores y su mayor inspiración. «No podía leer un periódico sin encontrar una idea para una portada», confesaba en 1917 un joven Rockwell a los inicios de su carrera.
La versatilidad de su pincel también jugaba a su favor, porque podía reverenciar tanto a héroes de la vida cotidiana como ridiculizar con cariño a estrellas del mundo de Hollywood, uno de sus motivos preferidos. En Gary Cooper como tejano, Rockwell lo demostró con audacia, destacó la comisaria Virginia Mecklenburg, al colorear de llamativo carmín los labios del actor, vestido de macho vaquero mientras se dejaba maquillar por un robusto hombretón con un cigarro en la boca.
Pero escenas de vidas familiares e infantiles, con padres e hijos haciendo los deberes, o el abuelo despistado con su nieto, mostraban más el Rockwell que quedó grabado en la memoria de una generación de estadounidenses. «Capturó el ideal americano de lo que queríamos creer que éramos», aseguró Lucas a la radio NPR. «No éramos nada mejor entonces de lo que somos ahora, pero el tener ese ideal ahí fuera hizo posible que intentáramos ser más de lo que éramos».
Esos valores idealizados siempre contaban con el barniz de una mirada compasiva e inocente que contrastaba con pasajes de humor y a veces incluso de crudas realidades, como en Cosecha de melocotones, sobre la crisis económica de 1929. La comisaria conecta esa mirada con el cine de ambos directores. «Hay conexiones entre todos ellos que tienen que ver con la moralidad y la vida americana, pero también se observa en los episodios graciosos» que retrataba, explicó.
Para plasmar esos momentos, el artista elegía con cuidado a sus modelos, «como el casting que haría un director de cine», apuntó Mecklenburg. Los colocaba, les pedía que posaran, añadía algún detalle, como un lazo en el vestido de una niña, y de aquella estampa construía una historia que encerraba un argumento preciso, complejo y evocador, pero expuesto con sencillez y expresividad icónica.
«Miraba al cuadro y se daba cuenta de que, si en él pasaban muchas cosas, la gente perdería la idea principal», señaló la comisaria. Para eso, reducía el marco, como se puede detectar en los originales, y quitaba los detalles externos que creía innecesarios. «Quería que la narrativa y el contenido emocional de la historia estuvieran absolutamente claros», precisa la experta.
Algunos de los cuadros cautivaron de manera especial a los directores, como Chico en un trampolín (1947), la imagen de un niño que se asoma a una piscina con tanto pánico como emoción ante los seis metros de altura. Spielberg, que lo descolgó de su despacho para traerlo al museo, se identifica con ese mismo vértigo al comienzo de cada película, contó la comisaria.
Para el director de Star Wars, Chico leyendo una historia de aventuras (1923) es uno de los más significativos. En él, un niño cabalga al lado de su doncella mientras lee un libro. Según Lucas, define qué es el arte de contar historias, el de Rockwell y el de otros, «esa magia que surge cuando lees y la historia se vuelve realidad frente a tí».

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