Un pelícano sobrevuela la zona afectada por el vertido de crudo, procedente de un pozo del que salen alrededor de 800.000 litros de petróleo al día. / REUTERS
El viento y las olas gigantes amenazaron ayer con frustrar los esfuerzos por impedir que una marea negra de petróleo contamine las costas de Luisiana -que se hallan en estado de emergencia, al igual que Florida y Alabama- y desate una catástrofe ecológica sin precedentes en el Golfo de México.
Así, el crudo, que vendría a ocupar la superficie de la isla de Puerto Rico -208 por 112 kilómetros-, se dirige peligrosamente al interior de las pequeñas bahías del sudeste de Luisiana. Los criaderos de peces y camarones, además de los vulnerables manglares de la región habitados por diversas especies -ya se ha encontrado un alcatraz cubierto de petróleo-, se hallan en jaque.
Además, las tormentas eléctricas que descargaron durante el día también obstaculizaron de un modo considerable las labores.
Tom McKenzie, portavoz del Servicio de Pesca y Vida Salvaje de EEUU, manifestó que es posible que las olas hagan inútiles las barreras flotantes que se han instalado a poca distancia de las costas.
Entre tanto, más de 6.000 efectivos y centenares de barcos continuaban trabajando frenéticamente para evitar un desastre ecológico y económico, en su industria turística y pesquera.
Paralelamente, el Gobierno federal intensificó sus presiones sobre la petrolera British Petroleum (BP) para que aumente sus esfuerzos para poner fin al vertido de crudo y trate de reducir el impacto ambiental.
Esta tragedia medioambiental, que se ha dado precisamente en uno de los ecosistemas más ricos del país, comenzó después de una explosión el pasado día 20 y el hundimiento dos días después de una plataforma de prospección petrolera de BP a unos 75 kilómetros de la costa de Luisiana.
Asimismo, el presidente de EEUU, Barack Obama, visitará hoy la zona cero, tras el aluvión de críticas recogido por su «pasividad» ante esta crisis. La estancia será muy corta para no entorpecer los trabajos de limpieza y contención.
La Casa Blanca está decidida a que la catástrofe ambiental que está sufriendo Luisiana y los estados adyacentes no se convierta en un nuevo Katrina, que marcó uno de los momentos de más baja popularidad de George W. Bush por la tardanza de su Gobierno en reaccionar tras las inundaciones por el paso de este huracán, en agosto de 2005.
Además, se ha optado por cerrar dos plataformas petrolíferas ubicadas cerca del accidente, y evacuar una de ellas, como medida de precaución mientras prosiguen las tareas de limpieza.
Por otra parte, en el ojo del huracán se encuentra British Petroleum, que ha comenzado a recibir duras críticas de la Administración por su incapacidad para sellar el pozo marino que, según estimaciones oficiales y de la propia empresa, vierte cada día unos 800.000 litros de petróleo al mar.