Desde el principio le tengo un cariño especial. Quizás, especialmente, porque fue el principio; la primera vez. Esa primera vez en la que la grabadora, por nervios o inexperiencia, no registra absolutamente nada y la memoria se encarga de grabarlo todo. Detalle a detalle. Recursos humanos, supongo; con aquella primera vez logré un Máster sin título en ellos. En los de verdad, quiero decir; no en RR.HH. Eso son siglas. Un Máster que con los años he seguido renovando con mucho gusto y mayor sonrisa.
Como los Máster no requieren tesis, yo opté por la hipótesis. Y hace unos meses, a la par que la UC Cantimpalos recibía la confirmación de tener serias opciones de optar a la Matrícula de Honor que tanto había buscado y merecido, la prueba de la Copa del Mundo de ciclismo adaptado, yo me felicitaba por la veracidad de mis deducciones. A la conclusión llegué ayudada por Saramago, colaborador de lujo a la hora de hacerme ver con un ensayo sobre la ceguera, que la única pérdida de vista catastrófica, es la del corazón. El día que la humanidad pierda los ojos del pecho, lo perderá todo; hasta el nombre. Sobre todo el nombre. ¿Y hay algo peor que perder el nombre?¿Que dejar de existir?
Por eso creo que la UC Cantimpalos tiene esta semana motivos de sobra para tener el derecho y el deber de lucir con orgullo su nombre, sobre todo el primero, el de Unión. Porque todas las pedaladas de fe a ciegas (y no ciega) que lleva dando junto a sus colaboradores desde hace años, y especialmente a lo largo de este último, llegando a cumplir a tiempo los difíciles requisitos que algunos ojos necesitan ver para creer que se puede, le han impulsado hasta la meta. Hasta la consecución del sueño. Hasta obtener ya, de manera oficial y confirmada por la UCI, el título de sede europea de la Copa del Mundo 2010 de Ciclismo Paralímpico.
José Aurelio Sánchez y todo su equipo han dado estos meses, con la fe aprendida en los ojos de los ocupantes de los asientos traseros de los tándems, todas las pedaladas necesarias para demostrar que lograr la hazaña sólo era difícil; porque como dijo Napoleón, “lo imposible es el fantasma de los tímidos y el refugio de los cobardes”. Valga mi aplauso por los valientes.