Alvarito se seca las lágrimas durante la rueda de prensa de ayer. /Juan Martín
Lo que estaba haciendo era consumir cocaína, como se desveló durante el análisis de la muestra de orina que se le tomó al jugador el 3 de octubre, cuando concluyó el partido que el Caja Segovia jugó con el Autos Lobelle en el Pedro Delgado.
Poco más de tres meses después de que el jugador supiera que el control antidopaje había reflejado su desliz, y pocos días después de que el contraanálisis confirmara las peores expectativas Alvarito se presentó ante los medios de comunicación para dar el paso al frente y decir que el jugador que había dado positivo era él. “Me he equivocado y pido perdón a todo el mundo del fútbol sala, a mi club, a mis compañeros, a mi familia y a mis amigos. Esto no va a ocurrir más”.
Han sido tres meses en los que el jugador ha comenzado a ver claro que todos los actos tienen consecuencias, y que un deportista de élite no puede cometer una “chiquillada” (como la definió el propio Alvarito, que después le puso otro calificativo bastante más escatológico) sin que las consecuencias sean graves. “No va a volver a pasar”, repetía una y otra vez Alvarito a los medios, como queriendo convencerse a sí mismo de que seguro que va a tener una segunda oportunidad, pero que no habrá una tercera. “Quiero empezar otra vez cuanto antes, porque yo lo que quiero es seguir en esto, que es lo que más me gusta, y voy a luchar por ello”. Que se lo digan a Venancio López, seleccionador nacional, que estaba siguiendo de cerca la evolución del jugador.
Será su club, el Caja Segovia, quien pelee en los despachos para que el jugador tenga esa segunda oportunidad, aunque pagando primero por lo que ha hecho “porque entendemos que el jugador debe ser sancionado”, señaló Luis Sanz, pero que la sanción no sea tan desproporcionada que en lugar de hablar de meses tuviéramos que hablar de un plazo de años.
“Lo que queremos hacer ver al comité, —indicó el presidente del Caja—. es que no podemos negar los hechos, pero que tenga en cuenta una serie de circunstancias, como que el jugador ha reconocido los hechos, que se trata de un consumo puntual en un ámbito recreativo, y nunca con una intención de obtener un mejor rendimiento deportivo”.
Desde el momento en el que se hizo oficial el positivo en el primer control, el jugador solicitó al Caja Segovia que le realizara pruebas antidopaje semanales que descartaran la presencia de benzoilecgonina en su organismo. El presidente del club señaló que a Alvarito se le realizaron estos controles internos hasta en cuatro ocasiones “sin avisar, variando tanto de día como de horas”, y en todos ellos el jugador dio negativo.
El Caja Segovia ha abierto un expediente disciplinario a Alvarito, al tiempo que ha presentado un dossier a la Comisión de Control y Seguimiento de la Salud y el Dopaje encargada de instruir el caso en el que se aporta tanto una carta manuscrita del jugador admitiendo el consumo, como los resultados de los controles antidopaje internos que se le realizaron y un precedente de un caso similar en el que la sanción para el jugador fue de tres meses.
El Caja intentará que la sanción sea de tres meses, la sanción mínima que estipula el artículo 14, 2 b) de la Ley Orgánica 7/2006 de protección de la salud y de lucha contra el dopaje en el deporte, que marca unas sanciones que van de los tres meses a los dos años, mientras que el 2 a) establece unas sanciones de dos a cuatro años. En un plazo máximo de un mes se conocerá la sanción. Si la sanción es mayor de lo que el Caja espera, el club ya ha anunciado que la recurrirá.