Instante de un encuentro del Unami de esta temporada. /JUAN MARTÍN
No es demasiado normal que en una competición de 18 equipos, el conjunto clasificado al final de la Liga en el puesto duodécimo termine perdiendo la categoría. Pues eso es lo que en un principio le ha sucedido al Unami de fútbol dentro de la Regional de Aficionados, que después de una temporada irregular tuvo un final de competición muy bueno en el que consiguió eludir una de las cuatro plazas de descenso, pero que bajará a competición provincial por aquello de los “arrastres” de la Tercera División.
En teoría tres son los equipos que descienden del grupo VIII de Tercera a la Regional de Aficionados, aunque esta campaña son cuatro por el descenso del Valladolid B de la Segunda División B. Tres de esos cuatro equipos, Cebrereña, Becerril y Norma, “caerían” al grupo A de la Regional, en el que se integran los equipos segovianos, por lo que en lugar de establecerse cuatro plazas de descenso, al final habrá siete.
El Unami, séptimo por la cola, es actualmente equipo de Liga Provincial, pero aún tiene una opción de salvar la categoría. Esa opción pasa por que dos de los cuatro equipos que están jugando la fase de ascenso (Palencia, Mirandés, Burgos o Ávila) logren subir de categoría. El ascenso de uno de ellos compensaría el descenso del Valladolid B, con lo que la Cultural B (el perjudicado por el descenso del filial blanquivioleta) lograría la permanencia en la Tercera y en nada afectaría a la Regional de Aficionados.
Sí afectaría el ascenso de un segundo equipo de la Tercera a la Segunda B, puesto que su ascenso propiciaría el ascenso del Venta de Baños (segundo clasificado del grupo A de la Regional) a la Tercera, lo que a su vez dejaría una plaza menos de descenso, con lo que el Unami no bajaría a provincial. Todo un galimatías que se solucionará en tres semanas.