Domingo, 6 de junio, 14 horas y 23º de temperatura para más señas: iba yo serenando mi espíritu -que buena falta hace en este mundo con los tiempos que corren- por el Valle del Eresma; y, después de un sosegado paseo, me encuentro en una pradera al lado del río con un maravilloso bullicio. Niños, padres y abuelos están esperando su ración de paella. No podría precisar la cifra de tantos comensales; pero, les puedo asegurar, que pasaban de los quinientos.
Tuve la fortuna de ver entre los organizadores a mi amigo Agustín para preguntarle sobre qué era tal acontecimiento: - Es un encuentro de amigos de final de temporada - me respondió. Volví incrédulo a interrogar: - ¡Cómo de amigos! ¿tantos? Confirmándome: - sí, de amigos, es el UNAMI C.P. - Y… efectivamente, la belleza del día estaba en conjunción con el significado del nombre que tiene este club: Unión de Amigos.
Parece ayer, pero hace ya veintisiete años, cuando un pequeño grupo de personas, se embarcó en la tarea de “promover el deporte y educar en el respeto a los demás”, como rezan sus fines principales en el catecismo del Club. El tiempo transcurrido y el mantenimiento de la ilusión avalan una fructífera trayectoria: 13 equipos de fútbol, 14 de fútbol sala, 12 de baloncesto y 4 de voleibol.
Pero, no sólo sus actividades deportivas tienen como protagonista un balón. Nuestra sierra está cerca y les brinda la oportunidad de disfrutar con ella; así es que la aprovechan mandando chavales a su nieve: esquí de iniciación, perfeccionamiento y libre. O, si es necesario, se convocan unas clases de judo o de otras disciplinas. ¿Les parece poco? A mí, me parece mucho esfuerzo y dedicación a una causa tan noble como es el fomento del deporte en los niños y jóvenes.
Tan solo les falta una cosa: crear una escuela base de políticos especializados en la educación social a través del deporte; pero eso, me temo que no existe un osado que lo tome, porque es una causa perdida. Por tanto, solo queda -y es mucho- seguir aspirando a lo que dice Roberto Carlos en su canción: “Quiero a mi hijo pisando firme, cantando alto, sonriendo libre. Yo quiero tener un millón de amigos y así más fuerte poder cantar”. Qué así sea.